Nada que decir, todo que callar

Vuelvo
y no vuelvo. 

Estoy como a medias: 
como que avanzo, 
pero no me muevo; 
como medio-aquí
y medio-allá. 
¿Existe quizá
un lugar así? 

Y vuelvo sin nada que decir, 
y con todo que callar. 
Pero sigo diciendo aquí 
lo que nunca he podido ignorar. 

Esto es agonía, a decir verdad: 
el querer escribir, 
pero no tener nada que contar. 

Así que vuelvo
y no vuelvo; 
porque vengo 
sin regresar;
sólo a rimar
este caos
que aún tengo
que superar. 

Pérdida

Decidme, ¿qué me he perdido? 
¿Acaso ha sido el ocaso? 
¿El primer frío de la mañana? 
¿La primera hoja de otoño, 
o la última flor de primavera? 

¿Me perdí la oscura tormenta
en una noche seca de verano? 
¿Me perdí el grillo que canta
bajo la luna llena?
¿O fue la primera gota de lluvia 
que colma este callado infierno?

¿Acaso no he visto remolinos
levantarse contra la arena
hacerse finos con el viento, 
desaparecer y dejar el camino
como antes era?

¿Acaso perdí yo la huella 
dejado en tierra de sequía
y ansiada de lluvia 
y tormenta? 
¿Acaso no se hizo polvo 
y desapareció bajo el cielo? 

Decidme, ¿qué me he perdido
en todo este tiempo callado, 
buscando el verso, 
el segundo, 
el silencio rimado?
¿Acaso no fueron momentos
pequeños y olvidados, 
ahora en la memoria guardados 
para otro tiempo?

¿Acaso no vuelvo
como vuelve el otoño 
con su llanto deseado
a colmar la sed 
del olivo cansado?

¿Acaso no es volver 
así de callado, 
así de sutil, 
insignificante 
y por lo bajo; 
lo que cuenta, 
lo que queda, 
lo que no se pierde
en este mundo acelerado? 

¿Acaso no es contaros
lo que he soñado
lejos de esta tierra 
que tanto me ha contado? 

Decidme, entonces, 
¿qué me he perdido
en todo este tiempo perdido; 
todo lo que se ha dicho 
y que no he leído?; 
lo contado, 
ahora escrito pasado, 
¿acaso también eso se ha ido?

Decidme que no llego tarde, 
por favor, 
para dejar mi pequeño granito
en este desierto infinito 
de sentimiento y candor, 
y todo lo escrito. 

Decidme que no ha sido una pérdida
todo este tiempo que me he ido. 

 

 

Volver a escribir

No se trata de recuperarle espacio al silencio, no.
No se trata de desandar todo lo desdicho.
No se trata de recopilar todo lo que no ha pasado.
Tampoco se trata de reinventarse lo soñado, ni revivir lo imaginado.
No.
Volver a escribir es cuestión de tiempo.
Es recuperarlo.
Es volver a un momento en el que todo iba a algún lado. 
Volver a escribir, ahora entiendo, es tomar las riendas de esta vida que he callado. 
Volver a escribir no es decir lo que he fantaseado. 
Volver a escribir no es contar lo que ha pasado. 
Volver a escribir no es recuperar todo lo abandonado.
Volver a escribir es rescatar todo el tiempo olvidado. 

Pienso en ti, verso a verso

No puedo dormir; 
pienso en ti
y pienso que te quiero decir
todo lo que siento. 

Pero no sé sino escribir 
verso a verso, 
siempre así,
contra el silencio
que reside muy adentro.

Contarte todo mi sentir, 
tal vez algún pensamiento
que contigo quiero vivir, 
aunque sea tan incierto. 

No quiero dejar esto así, 
a medio terminar, 
otro borrador polvoriento
apartado a medio escribir, 
dejándome el aliento. 

Esta vez no quedará
como otro cuento;
juro que no será

otro de esos que tanto invento. 

De verdad no quiero dejar esto
como otro borrador, esta vez no.

Esta vez quiero empezar
a escribir y terminar escribiendo,
sin que se quede la historia a medias
o roto el sentimiento.

No quiero desaprovechar
este pequeño momento
y dejar que poco a poco
se diluya en el tiempo. 

O en el olvido,
como las palabras dichas al viento
que se las lleva,
que se hacen fino;
y entre las líneas, desapareciendo 

haciéndose nada,
un poema medio escrito.

No sin que te pueda contar, al fin, 
todo lo que por ti siento: 
cómo no puedo dormir, 
cómo en ti pienso
y cómo decido escribir 
para ti, verso a verso,
soñando en la noche
con tu cálido beso.

 

Como si nada

De a poco me hago pequeño, 
me hago insignificante; 
desaparezco un momento, 
sólo un instante.

Vuelvo como si nada, 
una mañana, otra alba, 
a despertarme, 
como antes,
de otro sueño del mañana. 

Es tan breve este sentimiento,
que este poema breve
también lo es de pensamiento.

Te verso

Te tengo
como el viento
que llena las manos
y se escapa entre los dedos,
como el humo
o los recuerdos.

Te persigo
como se persigue al sol
en el cielo,
siempre amaneciendo,
siempre despierto;
contando las horas,
midiendo el tiempo.

Te anhelo
como se anhela un beso
que se da
lanzado al viento
y que surca tu mejilla
buscando mi sentimiento.

Te quiero,
pero no sé qué siento,
siempre preguntando,
el corazón inquieto;
nada o todo,
eres mis extremos
y mi alma desgarras
con tanto incierto.

Te pierdo
como el destino
por el camino abierto, 
porque no te tengo, 
y de ahí el dolor
que por ti siento.

Te olvido
como el recuerdo
que se hace fino
y viejo, 
que se desgasta 
como el suelo 
y se convierte
en eterno desierto; 
se hace pálido 
y negro, 
y se oscurece 
poco a poco adentro. 

Te desvanezco
como el adiós
callado en el silencio. 

En clave del tiempo

Pretender alegría
y falsas apariencias
para encontrar
corazones rotos
y malas experiencias

Promesas rotas
que un día fueron sueños
y esperanzas,
hoy ya sólo son decepciones,
cenizas y ascuas.

La vejez es lo que tiene, 
la juventud lo que quita. 
Somos mil cuestiones
preguntas y pesquisas.
Todas elucubraciones
sin respuestas
ni soluciones.

Es tiempo de vivir, 
de sentir
y dejarse llevar; 
tiempo de decir, 
de oír, 
de pensar la verdad.

Y recuperar el tiempo perdido
que tanto queremos recuperar, 
sin perdernos así
un poco de la eventualidad, 
que es dejarse llevar
por el ahora y el aquí; 
este momento sin igual, 
un destello en la eternidad, 
la esencia de vivir.