Pienso en ti, verso a verso

No puedo dormir; 
pienso en ti
y pienso que te quiero decir
todo lo que siento. 

Pero no sé sino escribir 
verso a verso, 
siempre así,
contra el silencio
que reside muy adentro.

Contarte todo mi sentir, 
tal vez algún pensamiento
que contigo quiero vivir, 
aunque sea tan incierto. 

No quiero dejar esto así, 
a medio terminar, 
otro borrador polvoriento
apartado a medio escribir, 
dejándome el aliento. 

Esta vez no quedará
como otro cuento;
juro que no será

otro de esos que tanto invento. 

De verdad no quiero dejar esto
como otro borrador, esta vez no.

Esta vez quiero empezar
a escribir y terminar escribiendo,
sin que se quede la historia a medias
o roto el sentimiento.

No quiero desaprovechar
este pequeño momento
y dejar que poco a poco
se diluya en el tiempo. 

O en el olvido,
como las palabras dichas al viento
que se las lleva,
que se hacen fino;
y entre las líneas, desapareciendo 

haciéndose nada,
un poema medio escrito.

No sin que te pueda contar, al fin, 
todo lo que por ti siento: 
cómo no puedo dormir, 
cómo en ti pienso
y cómo decido escribir 
para ti, verso a verso,
soñando en la noche
con tu cálido beso.

 

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Venga, vamos

Venga, ponte los zapatos, el abrigo, la bufanda; coge el monedero, el móvil —o no—, y los guantes si quieres. Vamos a patearnos Madrid juntos. Cuando aún hace frío, contra el viento, y los elementos de la ciudad: la gente que se niega a resguardarse en sus casas y abarrotan las calles; los coches que incesantemente transitan por las vías; el humo, el ruido, la rapidez; todas las caras de los desconocidos. 

Pero eso no importa. En este plan que tengo, todo eso no importa.  

Vamos a buscarnos un rincón callado, pequeño, cálido y acogedor: una cafetería, o una librería. ¿Qué prefieres? Vamos a sentarnos a tomar algo, uno enfrente del otro, o al lado; vamos a mirarnos y sonreír con nervios. O no; o reír. Reír mucho. O llorar. Llorar algo. O lo que haga falta: lo que nos salga del fondo del corazón. Pero vamos a olvidarnos del mundo afuera, de nuestras vidas y nuestros problemas, y todo lo que nos haya pasado antes de ese momento. Vamos a olvidarlo todo. 

Vamos a hacer un carpe diem, un vive-el-momento, un aquí-y-ahora-y-nada-más, y vamos a disfrutarlo segundo a segundo. Vamos a hacerlo. 

Porque si esperamos un poco más… a lo mejor lo perdemos. A lo mejor nos pasa el tiempo y no podemos. A lo mejor nos olvidamos y ya es tarde. A lo mejor cambiamos —o nos cambian— y ¿entonces qué hacemos? 

Así que venga, vamos. 

Te verso

Te tengo
como el viento
que llena las manos
y se escapa entre los dedos,
como el humo
o los recuerdos.

Te persigo
como se persigue al sol
en el cielo,
siempre amaneciendo,
siempre despierto;
contando las horas,
midiendo el tiempo.

Te anhelo
como se anhela un beso
que se da
lanzado al viento
y que surca tu mejilla
buscando mi sentimiento.

Te quiero,
pero no sé qué siento,
siempre preguntando,
el corazón inquieto;
nada o todo,
eres mis extremos
y mi alma desgarras
con tanto incierto.

Te pierdo
como el destino
por el camino abierto, 
porque no te tengo, 
y de ahí el dolor
que por ti siento.

Te olvido
como el recuerdo
que se hace fino
y viejo, 
que se desgasta 
como el suelo 
y se convierte
en eterno desierto; 
se hace pálido 
y negro, 
y se oscurece 
poco a poco adentro. 

Te desvanezco
como el adiós
callado en el silencio. 

Un beso

Un beso que se mece con el viento, que pulsa con el ritmo de la brisa. Es un beso que respira. Además, es un beso que quiere volar lejos, quiere viajar y llegar a alguna parte. Se arrima a la comisura de la boca y cuelga del precipicio del labio, mirándote a los ojos y late durante un momento con miedo; quiere saltar. Quiere saltarse de mí hacia donde caiga, reposado lentamente con ternura, pero decisivo, sobre alguna nación hecha de piel y pasión, heraldo de alguna historia de amor.

(Tatia Pilieva, “First Kiss”)

Lanzo un beso al mar y se lo lleva el viento. Cabalga la ola y remonta la corriente hasta que se hace arena y montaña, y vuelve a viajar a espaldas del viento al otro lado donde, seguramente, estás tú. Le lanzo otro beso al mar y pasa lo mismo: se lo lleva el viento y veo cómo cabalga la ola, y surca este charco que nos separa hasta que toma tierra y te besa.

¿Cuántos besos lanzados al aire habrán llegado a su destino?, me pregunto mientras le voy lanzando besos al aire, besos que me tienen como remitente, pero que tienen como recipiente sólo un . Es así se simple, la verdad.

El beso que me palpita tiene vida propia, historia propia y sentimiento propio. Es un beso que no me pertenece, sino que te pertenece, pero lo tengo yo mientras tanto. Estoy esperando a que llegues para poder dártelo y aliviarme de él. Porque los besos hay que aliviarlos dándolos, casi sin esperar nada a cambio, aunque en el fondo nos den otros besos para compensarlos. Esto se debe a que los besos pesan en el corazón y con el tiempo acaban haciendo mella: si te dan muchos, se acumulan y te rompen; si das muchos, flaqueas. Y como en toda báscula, lo mejor es encontrar un equilibrio. Por eso, tal vez, le voy lanzando besos al aire.

“Un beso que se va tiene que volver”, pienso. Que en alguna ráfaga de viento, en vez de una hoja, lo que me dé en la cara sea un beso lanzado. Y lo imagino voluptuoso, que se hunda en mis labios con ternura, pero decisivo, y se acumule en mi corazón como promesas del mañana, sin que ello suponga la ruptura de algo dentro de mí. No. Tampoco quiero flaquear, y por eso le voy lanzando besos al aire. 

Después de todo, es un simple beso… ¿verdad?

¿Te acuerdas?

“Recuerdo tus labios, los besos atrapados en ellos, las historias que serían de amor.” | SHÉ

¿Lo recuerdas? ¿Te acuerdas?

No… Quiero decir: ¿me recuerdas? Eso es. Soy yo, sigo aquí, de alguna forma, te espero. Nos conocimos en algún sueño lejano, un tiempo antes de que nos olvidásemos mutuamente. Ahora es todo una niebla de sentimientos, no sé tu nombre ni tu cara, pero te sé

Sonaba alguna música, andábamos un camino. Te recuerdo mirando al infinito primero, en la profundidad de mi alma después. Me ruborizaste y llegaste a algo en mí que ni siquiera yo conocía. 

Recuerdo tus labios, los besos atrapados en ellos, las historias que serían de amor. Recuerdo que me hablabas, pero los latidos del corazón me ensordecían. Curiosamente, aún recuerdo tu sonrisa, pero sobre todo, recuerdo tu risa.

Nuestras manos bailaban una danza de alcanzarnos, dos cuerpos alejados por una emoción centrípeta, pero unidos por la gravedad del destino; nos merecíamos en ese sueño.

Luego desperté y tu calor ahora era un frío en la mañana de otro día. Lo que fueron abrazos en la noche, ahora eran sábanas enrolladas. El aroma de tu cuerpo y el beso de tus labios, una fantasía de la soledad. 

Con eso ando las calles de esta ciudad, parando en las escaleras y las esquinas secretamente a ver si te vuelvo a ver. Después de todo, aquel sueño pasó en la ciudad. Me siento en cafés y leo libros en parques esperando a que llegues para salvarme este sueño que te tengo, para hacer real esta fantasía que lleva tu nombre que no conozco. 

Con eso espero llenar el frío de las mañanas con el calor de tus besos y que las sábanas sean sólo el resguardo de nuestros abrazos. 

¿Lo recuerdas? ¿Te acuerdas? 

No, quiero decir: ¿me recuerdas?

No te vayas

He medido estas palabras. Lo he hecho con sentimientos que no entendía muy bien y que no estaba seguro si quería decir, pero al finalizar mi exploración, esta aventura hacia lo desconocido, he concluido que no te vayas.

Es así de simple. De verdad que quería encontrar explicaciones, argumentos, hechos… pero no había de eso. En realidad sólo he descubierto que no necesitaba nada de eso para decirte: no te vayas. 

No me dejes, porque aunque seamos palabras en el vacío, tus palabras sostienen mi historia. Sin ti, sería sólo silencio, sólo vacío; nada. 

No te vayas, porque si te vas, ¿quién leerá mi historia? ¿Quién me hará real? 

No te vayas, porque no hay otra historia como la tuya; ¿de dónde obtendré este elixir de felicidad si te vas? ¿Qué podrá llenar este vacío mundo si no son tus palabras?

No te vayas; no me dejes en el silencio y el vacío, no me hagas buscar otra historia cuando la tuya es la perfecta para mí: tus palabras me encajan justo, no dejan espacio en mi corazón, me llenan todos los silencios; me cuentas

No te vayas; no me dejes como un punto y aparte, solo y colgado de tus líneas, esperando siempre a un giro de historia que cambie la mía. Por favor, no me dejes así. 

La solución es simple: no te vayas. Y harás de mí otra historia feliz. 

Tú, poesía

Hubo un tú
que me hizo sangrar en verso,
que me hizo el corazón poesía
y la vida un universo
de amor.

Cuánto fue el dolor
de ese, este pasado
que se ha hecho presente;
pero ahora ha terminado,
se ha acabado, adiós;
finalmente.

¿Y qué siente,
ahora que se ha ido,
no responde, está desaparecido,
un cuento del corazón
que es más fantasía que ficción;
en realidad un desconocido?

Y todos los sentimientos vividos,
sentidos, contados,
reídos.
Todos los sentimientos pasados,
recordados, olvidados,
idos…
Para no decirse más.

Hubo un tú
que me hizo sangrar en verso,
que me hizo poesía,
me escribió cuentos,
y me regaló sonrisas,
y sentimientos.
Pero todo eso ya es historia,
y pasado, y vencimientos;
recuerdos en corazones añejos,
palabras llevadas por el viento.
Lo siento.