Quiero

Quiero escribir algo antes de irme, aunque sea algo corto. Quiero aprovechar que la tormenta se ha rasgado y el sol se cuela, pero la tierra sigue mojada con la lluvia de anoche. Quiero ver el campo verdecer, mientras se vuelve verde, no cuando ya esté todo verde. Quiero disfrutar del momento, aunque pronto la lluvia volverá porque veo las nubes planear por encima de las lejanas montañas. Quiero escaparme un momento, lejos del mundo, como hacia antes, perderme en el camino y el campo; perderme en el silencio, en el canto de los pájaros y el crujido de la arena bajo mis pasos; perderme hasta que se hace tarde; perder la noción del tiempo y sólo escuchar mis latidos como segundos. Quiero disfrutar del ahora porque luego, yo sé, ya será demasiado tarde; incluso mañana. ¿Quién sabe lo que pasará mañana? Mañana cojo el tren hacia el sur y ya no estaré aquí. Así que quiero escribir algo antes de irme, antes de que estas palabras no digan nada, antes de que el silencio se asienta y otra historia, en forma de momento, muera en las cunetas del papel. 

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A ti

Te mentí,
te dije que te quise.
Te dejé ir
y te perdí.

Sentí que te rompí,
que me rompiste;
que en cenizas nos convertí
y en memorias grises.

Triste ahora te vi,
lejos de todo lo que viviste;
tanto como me quisiste,
tanto así te quise yo a ti.

Pero no volví,
no pude verte así;
No tuve coraje, nada hice.
Pero ahora que escribo aquí,
te digo: «te mentí,
de verdad te quise».

Ahora quiéreme tú a mí,
por el amor que un día me tuviste,
porque yo así te sentí,
a ti,
a ti te quise.

No me busques

No me busques en el silencio,
en estas líneas rotas, en las historias que aún no hemos escrito,
pero que tanto queremos escribir.

No me busques en otra tierra,
no me busques en los pasos, en las huellas;
no me busques en el viaje ni por el camino.

No me busques a través de las ventanas llenas de lluvia,
o en las puertas que se abren con el viento;
no me busques sino con zapatos llenos de arena y de barro.

No me busques cuando estoy,
no me busques cuando vuelva,
ni cuando me vaya.
Sobre todo no me busques cuando me vaya.

No me busques en tus sueños,
en las expectativas, en las ilusiones
o las promesas que no valen nada.

No me busques en la soledad o la tristeza,
o en el ruido de la desesperación,
o los latidos de nuestros corazones
que bombean contra este vacío
que tanto intentamos llenar.

No me busques en la quietud,
y no me busques en todo el ruido
que está arreciando en nuestras cabezas.
No me busques en los susurros
o en la música;
no me busques.

No me busques en la oscuridad,
ni siquiera en la luz me busques
porque ahí no estaré.
No me busques en la ciudad,
o en la montaña o el mar.

No me busques para encontrarme;
no me busques para decirme o para contarme;
no me busques para amarme,
porque yo ya no estoy.

No me busques porque lo necesitas,
o porque lo quieres o porque tienes curiosidad.
No me busques porque me perdiste,
y no me busques, sobre todo, si me encontraste.

No me busques si me callo,
o si no te veo, no me busques.
No me busques si no te oigo,
o no te siento.
No me busques si no te pienso.

No me busques si me amas
y no te amo.
No me busques si te amo
y no me amas.
No me busques aun si nos amamos;
no me busques.

No me busques cuando vayas a comenzar.
No me busques si estamos a punto de terminar.
No me busques a la salida, ni a la entrada.
No me busques en tus recuerdos, o en los de otros.
No me busques en las fotografías,
pero sobre todo, esto es muy importante:
ni siquiera me busques en estas palabras que no buscan nada,
porque aquí definitivamente no estoy.

Amor imposible

Tú y yo somos una materia de amores imposibles. No sé qué será, si mi cuerpo o el tuyo, o ambos; tu pasado roto o el mío sin resolver. No sé si es la distancia que nos separa, que nuestras habitaciones estén en dos pueblos diferentes, o que nuestras cabezas están en dos realidades separadas. No sé si es puramente físico, o es también espiritual, como algo venido del destino, como si no sólo fuésemos dos simples almas mortales, sino que también somos dos entes desconocidos y extraños viniendo desde tierras extrañas: dos salvajes que hablan lenguas distintas, hacen rituales distintos, ven mundos distintos. El amor imposible tiene una materia que no se puede resolver o se puede superar: es parte de quiénes somos, de lo que buscamos, lo que queremos; siempre hay algo que nunca podrá resolverse.

Quiero salvaguardar un paso, sin embargo, un estrecho de tierra por el que podamos vernos sin que el mundo se derrumbe cuando crucemos y nos juntemos. Quiero salvaguardarte el paso seguro a través del desierto que es mi corazón. Quiero que sepas eso, que este viaje trata de héroes: al final eres tú quien me tiene que salvar y soy yo el que anda encerrado en la torre; una historia al revés, pero una historia tan real como cualquier otra, aunque sea imposible. Las cosas imposibles, por suerte, todavía pueden soñarse.

Cuántas…

De repente me pregunto: ¿y cuántas veces podremos leernos hasta que se rompa el hechizo, hasta que nuestra historia se acabe, las líneas se rompan, paremos en el punto y no haya nada más al otro lado? ¿Cuántas veces podremos leernos hasta que no haya nada más que leer? ¿Acaso es eso posible?

¿Cuántas noches tendremos en los que parar en el silencio llenándolo con las historias que nos contamos, intentando callar el vacío y llenar el olvido, y al llegar al final, siempre sentir que queremos más? ¿Cuántas de ésas tendremos?

¿Cuántas historias escribiremos intentando alcanzarnos en la distancia, persiguiendo sueños y deseos que ninguno de los dos estamos dispuestos a contar, pero que estamos más que encantados de escribir? ¿Cuántas de ésas tendremos?

No sé ninguna de las respuestas que persigo, que busco, que quiero. No sé hasta dónde llegará la historia, las líneas; no sé si calmaré el deseo o colmaré el vacío que me empuja a llenarlo de palabras. No sé cuántas noches me quedan hasta que estas cosas sean pasado y tenga que empezar desde cero, abrir un nuevo capítulo dejando el anterior como otro borrador… No sé si acortaré la distancia con cada párrafo; no sé si siempre tendré con lo que continuar. 

Pero aquí estoy, intentándolo. Porque mientras no sepa nada, no importa cuántas; no pararé de escribir, de preguntar, de seguir, de querer. 

Quiero…

En estas noches de vigilia te imagino delante de mí, a un beso de distancia. Imagino las miradas que nos echaríamos, intentando descubrir los secretos de este amor que es desconocido. Cuando te vi la primera vez, había sentido algo, algo que hacía mucho tiempo no sentía. Lo confieso. Era algo incierto, no obstante, un algo lleno de preguntas, pero me robaste una sonrisa y eso pareció calmarme las dudas. Pero no me ves, ¿verdad?, sentir.

Parece que somos de dos mundo completamente opuestos, distintos y alejados. Que todo lo que podría pasar, de alguna forma, nunca pasará. Quién sabe por qué. Tal vez sea porque, como dicen, you’re too good for me y no te merezca; tal vez sólo tenga miedo y nada más.

Y a pesar de este miedo, la incertidumbre, el sentimiento de lejanía y oposición… alguien como tú, seguramente, nunca volverá a aparecer en mi vida y ese pensamiento me da aún más miedo. Lo cierto es que no me gustaría perderte esta oportunidad.

¿Qué debo decir? ¿Cómo? ¿Cuándo? Nunca sé cómo empezar, pero siempre sé que quiero empezar. De todas formas, nunca he tenido las palabras correctas. Por eso escribo: porque estoy eternamente buscando lo que decir, la forma correcta de decirlo; buscándome y encontrándome, todo al mismo tiempo. ¿O es que te busco a ti? Tú que pareces tener una palabra, una historia para todo… Y, sin embargo, ahora hay tanto silencio…

Al mismo tiempo tengo tantas historias que contarte; y qué tú también me contaras… Tendríamos tantas noches de vigilia así, me imagino. No dormiríamos nuestros sueños, nos los contaremos a altas horas de la noche.

Me acerco a la ventana para ver en la noche de esta madrugada de abril, casi mayo. La luna se entrevé entre las altas nubes: está creciente y su claro es frágil, pero ilumina el lejano horizonte con el sueño del mañana.

Mañana será otro día, pero quiero…

Esperas, yo.

Ando esperando a que digas algo, ¿sabes?

Lo que no sabes es que ahora mis silencios me queman; me ahogan por dentro, con palabras que se tropiezan en mi corazón. Son un nudo en la garganta.

Me siento caótico.

Pero espero. Espero a que digas algo, porque eso aliviará mi silencio, lo sé; me liberará de estas palabras, las que te quiero decir.

Y quizá así deje de esperar.

"La Espera" | Silvia Pascual
“La Espera” | Silvia Pascual

Hay una estación en mi corazón. Y en esa estación han pasados muchos trenes. No sé cuántos trenes habrán pasado hasta hoy, pero sé que todos han pasado.

Allá, en algún rincón, hay un banco. Y ahí he esperado.

Así han sido tantos los momentos perdidos, las aventuras desventuradas, las palabras calladas…

Lo he visto todo pasar, desde este banco de mi corazón.

Pero hoy vuelvo, y tú no lo sabes, porque ando esperando.

Llegas con retraso; ¿llegaremos tarde a estar juntos?

Un temor me sobresalta, tal vez porque ya he esperado otras veces; nada pasó. ¿Y si lo mismo pasa contigo, qué?

No sé. Pienso que a lo mejor tú también tienes este temor que me tiene, y el silencio también arde en ti con tantas palabras que decir, y tan poco que saber cómo decirlas. Y la realidad es que somos prisioneros de nuestra propia espera.

¿Quién sabe?

¿Sabes? Me dije: basta; que no volvería a pasar esto. Que dejaría de hablar de estos silencios, de ti, o lo que pienso que eres.

En fin, que dejaría de esperar.

Pero no lo puedo evitar (en realidad, no lo quiero evitar, que es distinto, muy distinto).

Con todo lo que haces, me haces esperar, y espero.

A lo mejor sólo se trató del tiempo: que cuando pase, yo seguiré aquí, esperando, en mi banco, en esta estación. A lo mejor es algo más sutil, algo que entraña aún más cosas que no entiendo todavía —pero que me gustaría entender— y que se llama esperanza.

Quizá sea sólo la necesidad de esperar, en un mundo del tiempo, a consumir el momento. Que pasará, sí, como todo lo que pasa, y volverá la espera —parece que siempre vuelve la espera—. Nada más.

Digo “ando esperando a que digas algo” cuando en realidad sólo estoy diciendo “te espero”. Sin más.

Tendrás que esperar.