Nada que decir, todo que callar

Vuelvo
y no vuelvo. 

Estoy como a medias: 
como que avanzo, 
pero no me muevo; 
como medio-aquí
y medio-allá. 
¿Existe quizá
un lugar así? 

Y vuelvo sin nada que decir, 
y con todo que callar. 
Pero sigo diciendo aquí 
lo que nunca he podido ignorar. 

Esto es agonía, a decir verdad: 
el querer escribir, 
pero no tener nada que contar. 

Así que vuelvo
y no vuelvo; 
porque vengo 
sin regresar;
sólo a rimar
este caos
que aún tengo
que superar. 

Advertisements

Como si nada

De a poco me hago pequeño, 
me hago insignificante; 
desaparezco un momento, 
sólo un instante.

Vuelvo como si nada, 
una mañana, otra alba, 
a despertarme, 
como antes,
de otro sueño del mañana. 

Es tan breve este sentimiento,
que este poema breve
también lo es de pensamiento.

Brevemente

Ahora soy todo silencios, pero mis palabras son constantemente como los suspiros; breves, pero seguros, como las miradas intercambiadas por un momento en uno de los vagones del tren que pasa por delante; como la sonrisa lejana que se pierde en la multitud al paso del paso; como una hoja que cae en otoño entre mil otras hojas que caen; o el copo de nieve que cuaja en la noche. Mis palabras-silencios son tan seguros, pero tan breves, como la llamarada de una hoguera encendida en la noche estrellada de verano, o el fino humo de un café caliente que se desvanece en una fría mañana de invierno; como el abrazo largo que nos sabe a poco de los amigos, o el beso suave de una madre que despide a su hijo en el aeropuerto, hasta más ver. O incluso, el beso amante que se da en los portales vestidos de despedida. Soy breve como el primer rayo de alba que cruza el horizonte por la mañana, y también el último que se hunde en el horizonte de la tarde. Y breve también, si uno se descuida, como la estrella fugaz que corre, corre, corre atravesando el cielo y se hace deseo. 

Soy un segundo que ya es pasado, otro minuto que se acorta, la hora que pasa, el tiempo que corre, el día que apremia, la noche que sigue; la vida que avanza a pasos grandemente cortos, cortamente grandes. 

Breve, de silencio y de palabra. Pero breve. 

Te verso

Te tengo
como el viento
que llena las manos
y se escapa entre los dedos,
como el humo
o los recuerdos.

Te persigo
como se persigue al sol
en el cielo,
siempre amaneciendo,
siempre despierto;
contando las horas,
midiendo el tiempo.

Te anhelo
como se anhela un beso
que se da
lanzado al viento
y que surca tu mejilla
buscando mi sentimiento.

Te quiero,
pero no sé qué siento,
siempre preguntando,
el corazón inquieto;
nada o todo,
eres mis extremos
y mi alma desgarras
con tanto incierto.

Te pierdo
como el destino
por el camino abierto, 
porque no te tengo, 
y de ahí el dolor
que por ti siento.

Te olvido
como el recuerdo
que se hace fino
y viejo, 
que se desgasta 
como el suelo 
y se convierte
en eterno desierto; 
se hace pálido 
y negro, 
y se oscurece 
poco a poco adentro. 

Te desvanezco
como el adiós
callado en el silencio. 

En clave del tiempo

Pretender alegría
y falsas apariencias
para encontrar
corazones rotos
y malas experiencias

Promesas rotas
que un día fueron sueños
y esperanzas,
hoy ya sólo son decepciones,
cenizas y ascuas.

La vejez es lo que tiene, 
la juventud lo que quita. 
Somos mil cuestiones
preguntas y pesquisas.
Todas elucubraciones
sin respuestas
ni soluciones.

Es tiempo de vivir, 
de sentir
y dejarse llevar; 
tiempo de decir, 
de oír, 
de pensar la verdad.

Y recuperar el tiempo perdido
que tanto queremos recuperar, 
sin perdernos así
un poco de la eventualidad, 
que es dejarse llevar
por el ahora y el aquí; 
este momento sin igual, 
un destello en la eternidad, 
la esencia de vivir. 

Ella

Lluvias de acero
y corazones de arena;
tiempo entero
y amor eterna.

Así te imagino
de fantasía llena,
de luz y alegría,
y magia y poema.

Así eres tú,
un momento, 
un instante; 
un respiro en mi pena. 
Algo sutil, 
efímero y brillante. 

Desamor

Como un hechizo de sal y sangre derramada,
ahora nos separa un desierto frío lleno de soledad y silencio.
Y corren los ríos de tinta bajo la luna menguada
arrastrando las pasiones de este verano vacío.

No hay en el vasto océano isla conquistada
que guarde los secretos de este país dolorido: 
nación de almas rotas, 
líneas cortas,
palabras sordas, 
corazones hastíos.

La poesía ya no me calma nada, 
ya no me alivia este sentimiento umbrío;
no hay versos ni rimas apareadas
para relatar este destino árido y sombrío.

Un hechizo de sal y sangre derramada 
para liberarme, 
atraparme;
hacerme tuyo, 
hacerte mío. 

Como un hechizo de sal y sangre derramada