Magia, vida y felicidad

En otro tiempo tal vez, nos hicimos grandes. Grandes y ricos. Quizá no ricos poseyendo castillos o tierras, o caballos sobre los que cabalgar las millas y los montes, pero no dejábamos de soñar con la tierra del mañana. En secreto nos reuníamos en un campo de lavanda y nos tirábamos sobre aquel perfume angelical, mirando en el cielo de la noche las miles de estrellas de otro verano.

Nos habíamos enamorado sin remedio veranos atrás, pero el otoño siempre apremiaba tu partida y regresabas a aquella ciudad de la costa con tanto verde, como me contaste suavemente al oído, una especie de país lejano lleno de magia, vida y felicidad.

¿Lo recuerdas? Te paraste a la orilla del río Kahmu un día de sol justiciero y pies cansados. Venías de lejos, días de viaje sobre caminos de polvo y hierba a través de parajes infinitos de bosques, praderas, campos de cultivo. Yo te vi entre los arbustos saliendo a cazar. Justo cuando iba a lanzar la flecha, chapoteaste el agua refrescándote la cara; el pájaro recuperó otro día de vida más allá de la copa de los milenarios árboles. Me acerqué en silencio a la orilla opuesta, escondido entre los densos arbustos y acallé mi respiración en el canto de los grillos y la música del bosque. Pero lo supe: supe que me había enamorado. E hice todo lo posible por conocerte. 

Y nos conocimos.

” (…) En secreto nos reuníamos en un campo de lavanda y nos tirábamos sobre aquel perfume angelical, mirando en el cielo de la noche las miles de estrellas de otro verano.” | Matt Glastonbury

Ahora estábamos contemplando aquellas estrellas otra vez, ¿son las mismas todos los años? Mis deseos sí lo son; nunca cambian. Mutaremos la edad, mutaremos la moda o incluso las veces en las que nos reencontraremos tras el invierno, pero mi deseo por ti seguirá intacto y constante.

Quiero arriesgar un beso en el vacío, pero que me lo devuelvas cálido y apretadamente, con dulzura y cariño mientras otra noche de verano abraza nuestros cuerpos y nos encendemos entre las lavandas. Quiero arriesgar este momento que tanto hemos alargado para poder sentirte cerca, dos cuerpos abrazados contra la tierra y la vida. Quiero que lo sepas, que este amor está candente, pero es tierno como los brotes en la primavera.

Pronto, espero, dejarás que florezca y creceremos vigorosos contra el tiempo, que seguramente no pase mientras estemos juntos. Nos aseguraremos de que los veranos residan ahora en nuestros corazones; te compraré un delicado perfume de lavanda que te recuerde a mi beso, a esta primera noche que siempre será eterna.

Y tal vez, sólo tal vez, a la vuelta de otro otoño, entonces partiremos juntos hacia la soñada costa, rumbo a aquella ciudad de verde, llena de magia, vida y felicidad. No sólo porque me lo contaste así, sino porque ahora podré verla contigo a mi lado. Para mí eso ya es magia, vida y felicidad.

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