Brevemente

Ahora soy todo silencios, pero mis palabras son constantemente como los suspiros; breves, pero seguros, como las miradas intercambiadas por un momento en uno de los vagones del tren que pasa por delante; como la sonrisa lejana que se pierde en la multitud al paso del paso; como una hoja que cae en otoño entre mil otras hojas que caen; o el copo de nieve que cuaja en la noche. Mis palabras-silencios son tan seguros, pero tan breves, como la llamarada de una hoguera encendida en la noche estrellada de verano, o el fino humo de un café caliente que se desvanece en una fría mañana de invierno; como el abrazo largo que nos sabe a poco de los amigos, o el beso suave de una madre que despide a su hijo en el aeropuerto, hasta más ver. O incluso, el beso amante que se da en los portales vestidos de despedida. Soy breve como el primer rayo de alba que cruza el horizonte por la mañana, y también el último que se hunde en el horizonte de la tarde. Y breve también, si uno se descuida, como la estrella fugaz que corre, corre, corre atravesando el cielo y se hace deseo. 

Soy un segundo que ya es pasado, otro minuto que se acorta, la hora que pasa, el tiempo que corre, el día que apremia, la noche que sigue; la vida que avanza a pasos grandemente cortos, cortamente grandes. 

Breve, de silencio y de palabra. Pero breve. 

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