Pasos en la arena

Me aparté de golpe, la puerta se abrió y salió moviendo la cabeza como si dijera gracias. Se quedó parado brevemente delante de la puerta abierta, alzó la mirada y clavó sus dos ojos en los míos. Nos miramos durante un instante, no fueron más de dos segundos, y me sonrió. Después con un suspiro profundo (cansado), como si despejara los pulmones, agachó la mirada y siguió andando hacia su camioneta.

—¿Quién era? —me preguntó Lili.

—Ni idea. —Lo observé atentamente a medida que se acercaba a su vehículo, paso a paso. Iba encorvado y andaba con dificultad, como si tuviera una herida permanente en el pie derecho que le forzaba a cojear. Abrió la puerta roñosa de su camioneta y se montó en ella. No hizo ni un ruido. El viento arreciaba poco a poco, cargado con el fino polvo del desierto.

—¿Te ha dicho algo?

—No. Nada —respondí.

—¿Entonces qué ha sido eso?

Me giré para mirarla y vi su ceño fruncido y sus pequeños labios apretados.

—¿El qué? —pregunté, confuso.

—Esa sonrisa.

—No lo sé. —Encogí de hombros. No pareció convencida.

Me giré; la camioneta ya no estaba allí. Me quedé contemplando el rastro que había dejando al salir de la gasolinera. Hacia la izquierda, la carretera se perdía en una densa nube de arena que avanzaba vertiginosamente hacia el local. El viento empezaba a silbar en los cristales.

| Landscapes

—Venga, Jen, métete —me dijo apartándome para cerrar la puerta.

—Espera, un momento… quiero… 

—¡No tenemos un momento! ¡La tormenta ya está aquí! ¡Métete en la gasolinera, maldita sea!

Lili me tiró de la camiseta y me metió de un golpe en el local. Tras ella cerró la puerta con cuidado, asegurándose. Las ventanas también estaba cerradas, al igual que las contra-ventanas de metal. Todo estaba herméticamente cerrado.

En la penumbra, lo único que rugía era el golpeteo incesante de cada grano de arena contra los paneles de protección de metal. Así era la vida cuando azotaba la tormenta de arena. Así era la vida en el desierto. 

Mientras esperábamos a que pasara, no pude dejar de pensar en aquel hombre cojo y encorvado, de mirada vítrea y ojos azules, y su sonrisa, y cómo todo me recordó a alguien, aunque no supe quién…

La tormenta duraría varias horas, eso ya lo sabíamos todos. Pronto cayó la noche y lo último que pensé antes de caer dormido es si volvería a ver a ese extraño; ¿significará algo?

 

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