Te echo de menos

Todavía estoy en ese punto en el que si me dices «te echo de menos», siento que el corazón se me aceleraría y cometería una locura, y es que te diría «yo también» sin dudarlo.

El olvido aún no ha tomado control de mis recuerdos, ni de mi corazón. Aún siento que esta brecha hecha de silencio y tiempo la superaríamos con un reencuentro, un beso, una noche. Así quedaría todo en el pasado, como un mal sueño.

No obstante, te resiento: me hiciste llorar, me hiciste amarte, me hiciste sentir cosas que… hubiera querido no sentir si hubiera sabido que te marchabas. Si hubiera sabido de los miedos y las dudas, nunca te hubiera escrito aquella carta, ni te hubiera hecho aquella llamada; no hubiéramos hablado de poesía y de atardeceres, ni de cómo me ibas a devolver las fuerzas con una noche entre tus brazos y bajo tus besos. No hubiera pasado nada de eso si hubiera sabido que me iba a enamorar de ti de verdad.

Aún lo espero, no lo voy a negar: un mensaje sorpresa, algo que me desconcertaría, me cabrearía y me emocionaría al mismo tiempo; el mensaje que me dejaría sin aliento y sin palabras. Aún espero ese «te echo de menos» que parecería perdonarlo todo, que me perdonaría y te perdonaría; nos perdonaría.

“Aunque lo escriba en notas pequeñas, el sentimiento es inmenso dentro de mí… Y es que… Te echo de menos aún.” | Ian Blázquez

Aún creo que es posible que me eches de menos: que desde tu cama sientas mis palabras de una última noche de agosto mientras pienso en ti. Aún pienso en ti. Y aún te echo de menos. 

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