Quién

Tengo esta manía de volver sobre lo escrito, leerlo y releerlo, y releerlo, hasta que algo en mí se seca, mustio y cansado; hasta que no quede jugo de inspiración ni chispa de creatividad, quizá. Y eso es porque hay algo que el tiempo no me ha enseñado, y es a escribirlo todo. El tiempo me ha enseñado que es imposible, o casi: que por mucho que lo intente, siempre me quedará algo por decir, algo que expresar, algo que aclarar, algo que corregir. Siempre habrá una línea, o varias, que cambiar y reescribir; una palabra, o varias, que cambiar por sinónimos. Siempre hay algo que se puede escribir mejor, cambiar verbos y el orden de los vocablos… ¿O no? ¿Es lo primero que sale lo mejor que nunca saldrá?

Escribir es toda una exploración, una aventura hacia las entrañas de lo desconocido, del mundo, de todo. Escribir es un no parar. Es lo bonito. Como cualquier arte, uno nunca puede detenerse en un punto, cerrar el capítulo, terminar un libro. Tiene que seguir después de la coma, más allá de la página, siempre comenzando otro libro. ¿Pero qué puedo decir yo de escribir, si estoy sólo empezando?

Venía pensando hoy en quién soy. Y la única metáfora que conozco es la de escribir.

Desde que tengo memoria siempre me he estado haciendo la pregunta: ¿quién soy?, y pensar ahora que nunca lo sabré… me da miedo. No es miedo de terror, porque hay algo muy bonito en estar siempre a la aventura, cada día aprendiendo algo nuevo —¿cuándo no aprendes algo nuevo?— de ti mismo. Es más bien un miedo de que siempre volverá esa pregunta, ¿quién soy?, sin que nunca esté completamente respondida. Y es eso, estar siempre colgado de la interrogación, lo que me da miedo.

¿Soy el que escribe? ¿Define eso quién soy? ¿O soy lo que escribo? ¿O ambas? ¿Soy el futuro que he decidido perseguir, la carrera que he decidido estudiar, las cosas que hago para ello? ¿Soy eso? ¿O soy la esperanza, el cambio, el sueño, el deseo…? ¿Soy la intención de… de lo que sea? ¿O soy simplemente mi físico: un hombre, mestizo y moreno, de pelo rapado, ojos marrones? ¿O soy algo más, una mente y un espíritu unidos en armonía? 

¿Quién soy?, me pregunto mientras salgo a correr bajo un sol que me pica en la nuca: ¿soy este hombre, el que sale a correr, el que quiere escapar, el que busca ser un poco mejor? ¿Son mis pasos lo que me definen, o soy yo quien define mis pasos? ¿Soy el que elige o hay algo de quien soy que es puro accidente? ¿Soy una causa o un efecto de la vida? ¿O acaso soy el producto de ella, un cúmulo de experiencia y conocimiento? ¿O soy algo más? ¿Algo menos?

¿Quién soy? ¿Soy mi alma? ¿Tengo una? ¿Tengo dos? ¿Soy cuántas vidas, o cuántas vidas puedo ser? ¿Soy quien he sido, quien seré, quien quiero ser? ¿O soy lo que puedo ser, sin más? ¿Soy el mismo para todos mis amigos, o soy distinto para cada uno de ellos? Si cambio con el tiempo, ¿quién soy? ¿Puedo ser uno, o varios? ¿Cómo puedo estar seguro, jamás, de quién soy?

Son demasiadas preguntas, lo sé. Pero es lo que tiene ser: que da para mucho juego.

Siempre que me preguntan: ¿quién eres?, me veo repitiendo la pregunta en mi cabeza “¿y quién eres?”, y siempre que me veo respondiendo, siempre es una respuesta a medias, como si estuviera contando una media-verdad, lo que no deja de ser una mentira. ¿Acaso soy una mentira, una ilusión, una máscara de quien soy en realidad? ¿Y si realmente soy solamente eso, una mentira del tiempo?

¿Soy mi nombre, el lugar del que vengo, mi nacionalidad, mi etnia? ¿Soy un estado emocional, un momento, un estado físico? ¿Quién soy?

O… ¿lo soy todo y no soy nada?

Desde que tengo memoria me he hecho esta pregunta. Años han pasado desde que —aparentemente— dejé de hacérmela, pero hace unos días volvió como un pulso que siempre está ahí y dormita, y durante todo este tiempo he creído que la edad da las respuestas que buscábamos en el pasado. Más curioso es, no obstante, descubrir que la edad me ha traído más preguntas si cabe. No supe entonces quién era, y aunque soy más viejo y sé un poquito más, aún no sé quién soy. De hecho, puedo decir que sé menos sobre quién soy ahora que antes. ¿Qué ha cambiado? Que antes esperaba saberlo algún día y ahora sé que no tengo por qué saberlo. Que para vivir, para efectivamente ser quien soy, no necesito saber quién soy. Eso es lo bonito del ser al fin y al cabo. 

Que como escribir, lo bonito de ser quienes somos es que nos vamos descubriendo constantemente a lo largo del camino. Porque somos, en fin, una historia siempre inacabada que ni debe, ni puede, ni tiene que estar acabada. Es una odisea por la vida, ésa es la verdadera respuesta a quién soy.

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