Un beso

Un beso que se mece con el viento, que pulsa con el ritmo de la brisa. Es un beso que respira. Además, es un beso que quiere volar lejos, quiere viajar y llegar a alguna parte. Se arrima a la comisura de la boca y cuelga del precipicio del labio, mirándote a los ojos y late durante un momento con miedo; quiere saltar. Quiere saltarse de mí hacia donde caiga, reposado lentamente con ternura, pero decisivo, sobre alguna nación hecha de piel y pasión, heraldo de alguna historia de amor.

(Tatia Pilieva, “First Kiss”)

Lanzo un beso al mar y se lo lleva el viento. Cabalga la ola y remonta la corriente hasta que se hace arena y montaña, y vuelve a viajar a espaldas del viento al otro lado donde, seguramente, estás tú. Le lanzo otro beso al mar y pasa lo mismo: se lo lleva el viento y veo cómo cabalga la ola, y surca este charco que nos separa hasta que toma tierra y te besa.

¿Cuántos besos lanzados al aire habrán llegado a su destino?, me pregunto mientras le voy lanzando besos al aire, besos que me tienen como remitente, pero que tienen como recipiente sólo un . Es así se simple, la verdad.

El beso que me palpita tiene vida propia, historia propia y sentimiento propio. Es un beso que no me pertenece, sino que te pertenece, pero lo tengo yo mientras tanto. Estoy esperando a que llegues para poder dártelo y aliviarme de él. Porque los besos hay que aliviarlos dándolos, casi sin esperar nada a cambio, aunque en el fondo nos den otros besos para compensarlos. Esto se debe a que los besos pesan en el corazón y con el tiempo acaban haciendo mella: si te dan muchos, se acumulan y te rompen; si das muchos, flaqueas. Y como en toda báscula, lo mejor es encontrar un equilibrio. Por eso, tal vez, le voy lanzando besos al aire.

“Un beso que se va tiene que volver”, pienso. Que en alguna ráfaga de viento, en vez de una hoja, lo que me dé en la cara sea un beso lanzado. Y lo imagino voluptuoso, que se hunda en mis labios con ternura, pero decisivo, y se acumule en mi corazón como promesas del mañana, sin que ello suponga la ruptura de algo dentro de mí. No. Tampoco quiero flaquear, y por eso le voy lanzando besos al aire. 

Después de todo, es un simple beso… ¿verdad?

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