Encontramos

Y si nos encontráramos en la calle, ¿nos reconoceríamos? Algo me dice que, ahí donde siempre nos hemos encontrado en estas palabras, en la vida real nos hemos pasado de largo. ¿Y si me has regalado tu sonrisa?, cuando ya me has regalado tanto con tus historias.

Seguramente ya haya pasado. Más de una vez incluso. Y ni tú ni yo nos hemos enterado. Hemos sido como fantasmas, llevados por el viento de nuestros pasos, el peso de nuestras vidas que nos empujaba hacia adelante, adonde sea.

Aunque esta ciudad parece agotarse, sigue siendo un pequeño mundo en el que el azar ha jugado un poco al ajedrez con nosotros, y seguramente en alguna vuelta de esquina, en la salida de algún metro, en los caminos de ida y venida de algún parque… tú y yo nos hemos cruzado. Nuestras historias se encontraban, pero no dejaron líneas. Fuimos como esas palabras que se las lleva el viento, otros silencios en esta vida.

A lo mejor seguimos cruzándonos por el camino, el mismo que tú y yo tomamos pero en sentido contrario, topándonos en la distancia siempre en las idas y los regresos: siempre que yo vuelvo a casa, tú sales a buscar tu vida; siempre que yo voy a buscar la mía, tú regresas al hogar, anhelando tu vida.

¿Y si… hacemos estos viajes secretamente buscándonos? Secretamente, porque nadie conoce las razones del destino, y en tanto que jugamos este papel en la vida, no seguimos un guión de palabras, sino uno de actos. Secretamente, como quien va buscando el amor, las respuestas, la suerte, el coraje, un sueño. 

¿Y si… tu vida soy yo?

¿Sabes? No dejo de buscarte. Cierto que, por las mañanas temprano, tengo otras prisas; que cuando me bajo a tomar un café al centro, voy mirando las altas arquitecturas que sostienen esta ciudad; que cuando me paro en un parque, tú estarás mirando el cielo azul. ¿Y por las noches? Sólo por las noches estaremos los dos mirando al mismo sitio: las estrellas, pidiendo un deseo —el mismo— aunque no caigan las estrellas fugaces; seguimos soñándonos como los dos enamorados que somos, porque sé que lo eres.

Quiero creer que también te imaginas estas cosas cuando vas andando por la calle, te tropiezas con alguien: “disculpe” y sonrisa. Como yo, en el fondo, en esos desconocidos te vas preguntando: ¿eres tú?

¿Y si ya nos hemos tropezado antes y los dos hemos pensado lo mismo en el mismo momento, mientras nuestras miradas colisionaban con mensajes secretos? Me hubiera gustado invitarte a toda una vida, ¿me hubieras dejado?

No quiero creer que hemos perdido esta oportunidad… Por si acaso, sigo pensando lo mismo cuando me tropiezo con alguien; sigo buscándote secretamente; sigo pidiendo el mismo deseo a las estrellas; sigo queriendo invitarte a toda una vida conmigo y sigo preguntándome: ¿me dejarás?

Que mientras nos buscamos, también nos encontramos. 

 

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