Los borradores de la primavera

“Miércoles, 18 de marzo del 2015. 

La lluvia parece aliviarle el polvo a los caminos de almendros floridos y limpiarle la cara al viento de todos los últimos días de invierno. Sin embargo, continúa haciendo frío por las mañanas y no sé si éstas son las últimas lluvias de invierno o las primeras de primavera.”

Lo pensé-escribí en el autobús, de camino a la universidad. Había cogido el mismo trozo de papel en el que, días antes, había logrado escribir los primeros compases de mi pieza para piano. Bueno, un boceto de los mismos. Yo y el tempo somos como el aceite y el agua; para mí, la música se mide con el corazón.

Boceto de los primeros compases | Ian Blázquez

Aún no se había inaugurado celestialmente la primavera, porque a la Tierra le faltaban unos cuantos miles de kilómetros de espacio para llegar al equinoccio. Eso sería en sólo dos días, a las diez de la noche. A esa hora, en todo el planeta el día y la noche durarían exactamente lo mismo. Qué poético, ¿no? Todos viviríamos el mismo día y la misma noche, sólo durante un momento en esta danza cósmica. Luego todos volveríamos a nuestras horas. Mientras tanto, seguía siendo invierno, último invierno.

Sólo 12 minutos comenzado aquel día, Día del Padre, murió mi abuelo en el hospital.

Todas las palabras, todos los borradores que tenía guardados, dejaron de tener sentido, porque la vida, aquel día, se me quedó sin palabras. Al día siguiente, me pasé horas en habitaciones vacías y silenciosas de un tanatorio que sólo había visto de pasada desde una ventana de autobús; ahora nunca se me olvidará cómo es. Ahora siempre que paso por allí de vuelta a casa, pienso: “yo he estado allí”, y todas los recuerdos me punzan.

Lo cierto es que me pasé horas —ahora ya van días— intentando averiguar las palabras, intentando descifrar los significados de esta torrente de sentimientos que me invaden, caóticos y de golpe. Aquel día, me senté en una silla delante de una pared que me separaba del cuerpo de mi abuelo y la miré fijamente. No recuerdo de qué color era, pero recuerdo el cuadro que colgada de ella: era la pintura de una flor blanca, una magnolia. Tal vez no signifique nada nunca, pero me pasé horas mirándola, averiguando por qué una magnolia, por qué pinturas de flores en una habitación tan lúgubre. ¿Por qué?

La flor de magnolia que atormenta mis silencios… (visto en www.florespedia.com)

No sé si jamás entenderé el dilema de la magnolia —tampoco es que es importa, él ya se fue—, pero ahora ya han pasado dos semanas desde aquel día, ya es primavera, ya dejó de llover, salió el sol y ya no hace frío por las mañanas… Pero sigo sin palabras. Sólo tengo una colección de borradores fríos y olvidados: vacíos que silencian gritos, gritos vacíos que son silencios, silencios gritados que están vacíos… Una colección de memorias, momentos pasados, tiempo, vida y silencio. 

No sé cuántos de vosotros habréis visto una magnolia a primera vista, pero son flores grandes y vistosas, de un blanco que llega a ser puro blanco. Creo que son las flores más bellas. No duran mucho, quizá un par de días, luego se marchitan amarillentas, se encogen y caen al suelo dejando una piña de semillas que al maduran adquieren un color rojo, muy rojo. Pero no es sólo su flor lo que la hace bella, es el perfume que desprende: es profundo, dulce, delicado, inolvidable, inconfundible. En fin, es una flor simple, pero bella; es majestuosa, pero grácil e inocente; es delicada, pero firme.

No quise ver a mi abuelo en su lecho cuando no tuve la oportunidad de verle en vida. No me arrepiento. Guardo muchos recuerdo bonitos y valiosos de él, antes de todo y diga lo que dijere. Quiero seguir viviendo con esas imágenes, aunque los últimos recuerdos tengan tantas preguntas. “Ya nada importa”, me repito; “ya pasó”.

Ahora que ha comenzado la primavera, la primera sin él, se me antoja una buena estación para plantar mi primera magnolia en su recuerdo. Parece arbitrario después de todo, porque él siempre ha sido de plantar árboles “de provecho”, que dieran fruto o sombra; pero yo sé por qué lo hago, y eso es lo único que importa.

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