Bolígrafos con historia

¿Cuántos bolígrafos habrán muerto en estas Guerras de Historias, batalla de escritores?, me pregunto, mientras inspecciono otro cadáver que yace en mis manos. Su sangre, la sangre de mis palabras, algunas veces manchó mis manos mientras estábamos en el campo de batalla, escribiendo las líneas de esta historia. Pero hoy murió, de repente, sin ningún aviso. Estábamos en medio de un ataque de inspiración y me ha dejado de hablar, mi amigo, mi compañero, mi hermano. “Un poco más, tú puedes”, le he dicho sujetándolo fuerte entre mis dedos, pero a medida que avanzábamos, menos aliento de tinta tenía. “Éstas serán mis últimas palabras, amigo”, parecía decirme. “¡No!”, pensé. Y murió, irónicamente tan calladamente, sin que pudiera hacer nada por alargarle la vida, sin poder hacer nada para evitar que se terminara. Son cosas de la vida, supongo, todo aquello que se termina.

“Éstas serán mis últimas palabras, amigo”, y lo fueron. Sus últimas líneas, sus últimos suspiros. | Ian Blázquez

Desde otro lugar (de otro bando, otro batallón), me envían a un sustituto. No deja de ser extraño, un desconocido; no deja de ser doloroso. No sé cómo es su trazo, su color, su consistencia. No sé qué tal nos llevaremos, si congeniaremos, si hará todo por mí como yo lo haría por él. No sé qué historias escribiremos, no sé qué palabras me inspirará a decir. No sé nada de este sustituto. Pero ya está aquí y parece inevitable.

Me duele seguir, pasar de página, cuando todavía yace su cuerpo sin tinta a mi lado. No puedo evitar volver a él, tomarle entre mis manos, escribirle con la última esperanza de que me hablará, otra vez, un poco más. Que podremos tener nuestra última, breve, gran historia juntos. Porque es que hemos tenido tantas historias juntos… Me ha escrito tantas victorias. Todas suyas, por supuesto. Pero se acabó.

Quedarán grabadas en papel, para el resto de mi vida. Nunca le olvidaré, como tantos otros antes que él que también murieron en esta interminable batalla. Quedarán en la memoria sus palabras y las historias que ferozmente me ayudó a construir, siempre contra silencio y página. Adiós, gran amigo. Éstas palabras, mías, son para ti, aunque sabemos que en el fondo siempre fueron tuyas.

Seguiré escribiendo, aunque ahora sé que morirán muchos en esta guerra, pero es que no podemos dejar de escribir. Seguiré escribiendo en honor a todos los caídos, silenciados bolígrafos que me acompañaron fiel y confidentemente tras las líneas de esta historia. Y seguiré escribiendo, también, en honor a todos los que me acompañarán, no sé cuán fiel y cuán confidentemente, aunque sí sé que su labor será crucial en esta batalla de palabras. Por ellos también.

Pero cuántas palabras, líneas, historias dejarán de escribirse con viejos bolígrafos ahora silenciosos, bolígrafos con experiencia, con carácter, con fuerza… Bolígrafos con historia.

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3 thoughts on “Bolígrafos con historia

    1. Sí… Todavía lo tengo aquí, destapado. Es la moratoria, supongo, hasta que decida que es momento de tirarlo. Tal vez lo tenga aquí durante un tiempo, se me olvide que dejó de escribir, lo coja con esa seguridad de saber “este boli pinta”, pero no, y garabatee sólo líneas en blanco hasta que, de pura rabia, termine en la basura. De cualquier forma, su misión ya terminó, esa gran misión. Su destino es inevitable.
      Me alegra mucho que te haya encantado. Muchas gracias, 🙂

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