Sábado lluvioso de octubre

Afuera llueve. Por fin llueve. No se ha visto el sol hoy y el otoño finalmente nos da en las narices con su frío y las calles mojadas. Ahora todo va de camino al invierno, a días más cortos y noches más oscuras. “Va a ser largo”, dijo una amiga.

Tengo las manos y los pies fríos. Hemos sacado las mantas y la ropa de invierno, y el paraguas nunca me abandona cuando salgo. Hay gente estornudando en el metro y los cristales del autobús están más veces empañados. Esto es el otoño en Madrid.

En la sierra, los campos empiezan a ponerse verdes (otra vez) y los caminos de polvo ahora son riachuelos. Hay charcos de barro con huellas de perros; las moscas están muriendo y los grillos van callando. Ya quedan pocos cielos despejados y el norte cada vez se viste más de nubes. Por la mañana ya hay rocío y dentro de poco habrá escarcha.

Es una época mágica, la verdad. Una época de cambios, de transformación, de comienzos, de historias; de cosas nuevas que pasan… o que deberían pasar.

A pesar de todo eso, me siento un poco nostálgico. La música no ayuda mucho; el tiempo no tiene nada que ver con que sienta esta extraña tristeza… Pero digamos que las gotas en la ventana me hacen pensar más de la cuenta.

Parece que todo sigue igual. Soy más viejo, sí, pero mi vida sigue donde está. Sigo con el miedo a toparme con alguien del pasado y ver que ha progresado más que yo; que no he conseguido nada en comparación. Claro que, esas cosas son relativas. Lo sé. Aun así… Parece que todo sigue igual.

El verano parece haberme quitado algo, cierta sensación de dirección, de pertenencia; de conexión. He vuelto, como el otoño, a mi rutina, pero me siento ajeno a ella, como que ésta no es mi vida. Ahí donde todo el mundo lo tiene todo averiguado, yo sigo haciéndome preguntas.

“Perdido”, ésa es la palabra.

Antes la utilizaba con cierta libertad, pero ahora lo digo con seguridad: me siento perdido. Tengo la sensación de que no sé qué hago, qué quiero, a dónde voy… Y también me siento solo, pero con eso no tengo ningún problema. Después de todo, esto es algo que sólo yo puedo resolver/averiguar.

También siento que he perdido mucho en estos meses. Sin darme cuenta, he descuidado cosas que me parece, ya no puedo recuperar.

Y todo eso se resume en la nostalgia de este sábado lluvioso de octubre…

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