Expresión de septiembre.

Mis dedos crujen con palabras, oxidados por el silencio. Rígidos por todas las historias calladas, este dolor busca remedio en el papel y la tinta. Como medicina, estas palabras corren como venas por mi alma, lineando estos sentimientos de literatura, liberándome del exilio, devolviéndome mi voz y mi libertad.

Estos días de último verano, mientras caen las hojas de los árboles, se levantan las hojas de las historias: pronto un año lleno de recuerdos llegará a su fin sin aviso, imparable, y otro año lleno de promesas y sueños dará su comienzo, esperado.

En este reino de encinas, las nubes regresan desde el norte con amaneceres fríos. La lluvia llorará los árboles; se desnudarán como espíritus de la tierra, regresando a él, convirtiéndose en estatuas del invierno, guardando los caminos con el sueño de primavera.

Pronto las montañas se coronarán de nieve y se vestirán de pinos apretados; el invierno nos detendrá, a nosotros y nuestros días, y hará sus noches. Pronto.

“Hola, septiembre; bienvenido otoño”, dice el viento. Hoy es el adiós a esos meses del sol. Hoy, que ya es pasado.

Y tanto como junio tuvo sus promesas, septiembre tiene las suyas. No sé por qué es, pero hay cierta promesa de amor en el aire. Junto a la lluvia, la tierra mojada, los campos reverdecidos… huele a historias.

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