Una boca llena de desamor

Se me llenó la boca de amor una vez. Una larga cadena de mensajes inconclusos lo atestiguan, dan fe ahora del miedo que pude sentir. Ahora no sé qué hacer, si es que hay que hacer algo; ahora todo es un amargo recuerdo.

Durante un tiempo, la melodía que mejor me satisfacía ese sentimiento tan suicida era algún réquiem de Mozart, como si se hubiese muerto algo; una pérdida irreparable; un adiós.

Eso es: “Adiós”. Adiós a no sé qué problema sobre el amor. Adiós.

El problema es que ahora te llamas desamor. Hola.

No volveremos, y sin embargo no paramos; estas palabras no paran.

Busco perfecciones a esta forma de dolor, como si el sentimiento pudiera tener la forma definitiva. El problema es que cambia: cambia con el tiempo, los recuerdos, las cosas que pasan y no pasan, y nada de ello lo puedo controlar. Así que no puedo controlar este dolor indefinido.

Escribo estas palabras, porque no puedo parar de buscarle sentido al dolor que me has causado, intentando buscarle sentido; dirección; significado. Algo. Por eso estas palabras no paran; no pueden parar.

Estas palabras siempre estarán inacabadas; este adiós siempre tendrá sus dudas; este dolor siempre estará inexplicado.

Se me llenó la boca de amor una vez. Ahora sólo tengo las cenizas de las ilusiones y la amargura del silencio. Ahora se me llena la boca de desamor.

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