“Cuando menos lo esperas”

“Borrón y cuenta nueva”, me repito en la noche. No parece más convincente, pero es más solemne. Lo había escrito todo, en otro tiempo. Pero el verdadero arte es reescribir; las palabras adquieren otros significados, los sentimientos cambian. Así que lo borré. Lo borré, porque no quiero hacerte más homenajes. No quiero que te salgas con la tuya; que ganes este desamor.

Éste es mi turno y me rebelo contra ti, contra tu chantaje-silencio. He decidido que quiero recuperar mi libertad, mi corazón, todo aquello que dije y que ya no te pertenece; quiero recuperar mi felicidad.

“Cuando menos lo esperas”, pusiste.

En efecto, en pasado. En efecto: cuando menos lo esperas, se devuelven los golpes. Ésta es mi victoria. Punto.

Lo cierto es que… Con esta perspectiva, cuando se dejan las palabras reposar, lo medito por segunda vez, y pienso que no puedes hacerme esto. No ahora. Lo cierto es que te resiento por ello.

Has llegado tarde. Sé que lo sabes. Un mensaje, el único, da fe de ello. Pero lo que más me molesta es que no podrá cambiar nada. Y te resiento por ello.

Y en alguna parte de mí, en el fondo supongo —donde intento enterrarlo bajo polvo y olvido—, “cuando menos lo esperes” es la frase de una mentira: que sí, que lo esperaba. Pero no quiero que lo sepas.

Estas palabras parecen convertirse en un refugio, lejos de ti: es un refugio donde puedo estar a salvo de la emoción.

Una parte de mí sabe que nunca lo leerás, que hay demasiados adioses de por medio; otra parte teme, agitadamente, que puedas leerlo y sentirás. O no…

Ya no sé mucho. Bueno… Sé que no quiero que sepas todo esto, porque eso significa que ganarías; ganarías este desamor que tanto no te mereces.

Cuánto resentimiento.

No vuelvas. No vuelvas para irte. No vuelvas para levantarme sólo para dejarme caer. No vuelvas para hablar de un pasado que ya es olvido. No vuelvas para hacerme saber que aún estás ahí. No vuelvas si no quieres quedarte. No vuelvas si crees que es lo correcto y no lo necesario. No vuelvas para volver a romperme la ilusión.

De verdad, no vuelvas.

Porque ya no habrá otro “cuando menos lo esperas” como éste.

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