Esperas, yo.

Ando esperando a que digas algo, ¿sabes?

Lo que no sabes es que ahora mis silencios me queman; me ahogan por dentro, con palabras que se tropiezan en mi corazón. Son un nudo en la garganta.

Me siento caótico.

Pero espero. Espero a que digas algo, porque eso aliviará mi silencio, lo sé; me liberará de estas palabras, las que te quiero decir.

Y quizá así deje de esperar.

"La Espera" | Silvia Pascual
“La Espera” | Silvia Pascual

Hay una estación en mi corazón. Y en esa estación han pasados muchos trenes. No sé cuántos trenes habrán pasado hasta hoy, pero sé que todos han pasado.

Allá, en algún rincón, hay un banco. Y ahí he esperado.

Así han sido tantos los momentos perdidos, las aventuras desventuradas, las palabras calladas…

Lo he visto todo pasar, desde este banco de mi corazón.

Pero hoy vuelvo, y tú no lo sabes, porque ando esperando.

Llegas con retraso; ¿llegaremos tarde a estar juntos?

Un temor me sobresalta, tal vez porque ya he esperado otras veces; nada pasó. ¿Y si lo mismo pasa contigo, qué?

No sé. Pienso que a lo mejor tú también tienes este temor que me tiene, y el silencio también arde en ti con tantas palabras que decir, y tan poco que saber cómo decirlas. Y la realidad es que somos prisioneros de nuestra propia espera.

¿Quién sabe?

¿Sabes? Me dije: basta; que no volvería a pasar esto. Que dejaría de hablar de estos silencios, de ti, o lo que pienso que eres.

En fin, que dejaría de esperar.

Pero no lo puedo evitar (en realidad, no lo quiero evitar, que es distinto, muy distinto).

Con todo lo que haces, me haces esperar, y espero.

A lo mejor sólo se trató del tiempo: que cuando pase, yo seguiré aquí, esperando, en mi banco, en esta estación. A lo mejor es algo más sutil, algo que entraña aún más cosas que no entiendo todavía —pero que me gustaría entender— y que se llama esperanza.

Quizá sea sólo la necesidad de esperar, en un mundo del tiempo, a consumir el momento. Que pasará, sí, como todo lo que pasa, y volverá la espera —parece que siempre vuelve la espera—. Nada más.

Digo “ando esperando a que digas algo” cuando en realidad sólo estoy diciendo “te espero”. Sin más.

Tendrás que esperar.

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