Borrando…

Borré su número de teléfono.

Pero antes pasaron meses hasta que por fin me rebelé contra mí mismo.

Un sabotaje al corazón siempre parece misión imposible.

Sentía como que perdía algo de mí con ello, algo irremplazable, y ese sentimiento de pérdida total me atemorizaba.

Claro que, todos sabemos, siempre llega este momento después de las pérdidas, y en un siglo donde todo nos conecta, es tan difícil desconectarse.

Primero empezaría con las fotografías insignificantes, las de cosas que en realidad fueron caprichos del momento: un café, un parque, un dibujo, un regalo. Esos recuerdos nos abandonan antes, despojándonos de una primera capa de sentimientos que revela otra mucho más profunda. La que queda por debajo ahora es una capa que habla sobre vínculos más íntimos, más profundos y más inmutables.

Después desaparecen las fotografías sobre lugares, sitios, rincones, viajes… Aunque de entre todas ellas se reserven aquéllas que tendrían un significado más allá de las palabras; un recuerdo directo a una frase, una sonrisa, una mirada… Algo que nos cautivó más, que nos encadenó corazón a corazón y que forma todo aquello que hace el dolor de este fin.

Y finalmente, desaparecerían las sonrisas, las miradas, las fotografías íntimas que retratan más un sentimiento que un momento.

Pasarán meses hasta que éstas desaparezcan, nos dejen para siempre, totalmente quitadas del mundo; borradas de la existencia y jamás podrán ser rescatadas del olvido. Serán sólo las memorias, las imágenes en el alma, lo que mantengan el recuerdo vivo, el sentimiento caliente.

Lo afortunado —o desgraciado— de la memoria, es que siempre será presa del olvido. Y los recuerdos pasarán a formar nieblas, adquirirán otros significados con el paso del tiempo y mutan con nosotros. Cuando todo será cosa del pasado y de la historia, todos estos recuerdos dejarán de lado el dolor, y ese vacío será ocupado por otros sentimientos menos intensos y más lejanos.

Borrado su número, parece que he ganado una extraña libertad que realmente no quiero tener. Es una libertad que más bien me da miedo, como si a un abismo me cayera, pero no tuviese fondo. Es una libertad de vértigo. Y todo el rato sé que lo único que me mantendría a salvo… serías tú.

Pero he borrado tu número. Ya nunca más podré tener esa seguridad de saber que, aunque sea una gran tontería, al menos tengo la posibilidad de llamarte, o enviarte un estúpido mensaje.

Ya no.

No se trata de que lo vaya a hacer… Siempre se trató de que podría hacerlo, aunque no lo hiciese.

No hubo ni un adiós. Fue frívolo, una acción simple, mil y un momentos y sentimientos desconectados para siempre.

No quiero darte ese placer y lujo, pero si volvieras… te seguiría respondiendo.

 “Nuestras pequeñas, estúpidas conversaciones significan para mí más de lo nunca sabrás“. — In  randomnesshappens.wordpress.com

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One thought on “Borrando…

  1. Al final te das cuenta de que esa libertad es mucho mejor de lo que pensabas, e incluso llegas a preguntarte cómo has podido vivir todo ese tiempo sin ella 😉

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