Casi como antes

Hace mucho tiempo que no escribo… esto. ¿Qué es esto? Esto es una introspectiva de la realidad. De la pura, simple realidad. Sin metáforas, sin imágenes oníricas ni otros recursos literarios. Sin fantasía. Esto es una descriptiva. Realista, donde las haya. 

Recorriendo las remotas y trasnochadas entradas de este blog que ha cambiado a través del tiempo, no sólo en su cuerpo, sino también en sus palabras y su forma de aparecer en mi inspiración, puedo ver un destello, que se me hace ajeno, pero es propio, de lo que una vez fue El Comienzo.

No lo puedo cambiar, todo aquello que escribí entonces. Siempre pensé que lo dicho queda dicho, y aunque lo borre de la faz de la tierra, una parte de mí aún sabe qué dije. Además, eso, aquello, es parte de mí. Habré cambiado, sí: ahora digo cosas distintas, de otras formas, con más cuidado, un poquito más de experiencia y tal vez con más madurez, pero el principio de evolución sólo actúa sobre lo que ya existe, y yo, todo esto, viene de eso, aquello. En fin, aquello del «de donde no hay, no se saca».

Y aunque me avergüenza —confesiones a tiempo salvan mucho— algunas veces la juventud, el verdor de todas aquellas palabras dichas, también entiendo que las necesito, aunque no entienda muy bien hasta qué punto. Pero algo de mi futuro me dice, intuitivo, que ese pasado tiene un valor más allá de lo que soy capaz de entender ahora. ¿Estaré loco?

Soy un sentimental, eso me pasa.

De una forma u otra, el viaje de mi vida está escrita en la evolución de estas palabras, y aunque siempre lo pensé, realmente conocerme de verdad equivale a leerme. Ahora me lo creo, que me escribo en estas líneas. Mi propio viaje en el tiempo, vamos.

Lo malo del viaje en el tiempo es que uno no puede evitar el cambio, y con él, toda la nostalgia que viene al darse cuenta de que, «¡ahí va! Ya no», o algo así. Una especie de descubrimiento de lo obvio, pero que por necesidades del presente, negamos constantemente. Sólo es en estas rememoraciones, en estos recuerdos del aquello, que nos damos cuenta de que en realidad sí, ya no. Que el cambio; que antes tal y ahora tanto.

No. No quiero que esta introspectiva sea sobre el cambio y el paso del tiempo, la mutación de las cosas, aunque no lo pueda evitar. No. Quiero que sea un homenaje al ayer, con gratitud y algo de satisfacción, tanto como me lo permita ese deseo inercial de que todo sea como antes, igual, constante. Quiero que esta introspectiva sea una honra a todo aquello que pasó y que ha permitido que yo, ahora, todo sea como es.

Somos consecuencias. Así de sencillo. No somos ni destino, ni plan, ni sueño: somos el resultado de un equilibrio entre aquello que nos pasó y aquello que nosotros pasamos; es decir, somos tanto de azar como de control. Somos las consecuencias, los efectos, de actos que nosotros ejercimos en un esfuerzo por guiar nuestra vida, pero también de las acciones, las fuerzas, que actuaron sobre nosotros, y sobre los cuales no pudimos hacer nada. Eso somos nosotros. Somos un accidente, en su acepción positiva y maravillosa.

Ahora bien, el factor del tiempo no puede cambiarlo todo, el azar y el caos actúan de maneras misteriosas e impredecibles, y algunas veces el tiempo se nos dobla, y el presente se encuentra con el pasado, en una colisión que no puede más que cambiar la materia del futuro, alterando el presente y reinterpretando el pasado.

Es entonces que hoy parece casi como antes, como que todos esos caminos rotos de antaño, las frases a medias, los sentimientos irresolutos, los pensamientos inconclusos… ahora tienen otra oportunidad. ¿No se trata de eso, las segundas oportunidades, de otro tiempo nuevo?

La verdad es que hace mucho tiempo que no escribo esto, algo así, donde yo hablo de algo intrínsecamente personal, haciéndome el protagonista de esta historia, víctima a golpe de letra. Me sigue pareciendo ajeno y lejano, como que no es lo mío, y sin embargo. . . es lo mejor que se me da. Quizá. En el fondo, sigo siendo aquel adolescente que empezó a descubrir el mundo de la letra, de poder, libertad, infinitud, felicidad, pasión… Algo bueno tiene que venir de eso, ¿no? Que escribir sea tan excitante siempre. De ahí que sea casi como antes.

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