La Poética del Desamor

Nos habíamos necesitado en otros tiempos, cuando todo se hizo un juego de niños. Era como un escondite, pero de amor. Era fácil. Lo jugábamos, aun sin saber las reglas. ¿Por qué? Porque estaba en nuestra sangre, formaba parte de quiénes queríamos ser.

Luego todo se complicó. Nos mostraron el manual de jugadas, se nos llenó la cabeza de victorias, y los abrazos de premios. Todo terminó. Aunque esperé a que todo se calmara, recuperar esa inocencia ya perdida, no pasó nada. Nos fuimos perdiendo, en sentidos opuestos, dos faros cada vez más perdidos en la bruma de alta mar. El adiós se pintó donde antes había besos. Adiós.

Ahora me sabe la boca amarga. Te preguntaría, ¿me lo quitas a besos?, pero en la boca sólo nos queda silencios. Un punto y final ha cerrado nuestra historia, y ahora sólo queda el capítulo del olvido. Vivido lo vivido, nos queda recordar con estas palabras, besándonos en la clandestinidad, sin que ni tú ni yo lo sepamos, ajenos de cada uno, en la lejanía, separados. Ni siquiera las fotos ahora, ¡escasas ellas!, pueden aliviar la distancia. Te pregunté una noche, ¿y qué nos ha pasado? Nos pasó eso mismo, el silencio, como el que me diste por respuesta.

Una noche también fue, me vi de repente navegando solo este mar de emociones que un día, mientras te describía el atardecer desde mi ventana, nos pareció sin fin, inmenso y cuasi eterno. Este mar y su poesía, su indescriptible poesía que tanto nos empeñábamos en describir, pero los dos a la vez, era todo lo que necesitábamos para estar juntos.

La verdad duele, pero no puede doler tanto como el silencio que nos hemos tenido. Yo sigo haciendo preguntas, tú sigues sin darme respuestas. Lo cierto es que, inocente de mí, a pesar de todo, seguiré preguntando entre estas palabras hasta que un día, y por favor que no sea otra noche, me des una respuesta. Y que sea una respuesta a este amor desenamorado. 

Me hace gracia ahora, triste gracia, que nunca he sabido de poesías. Irónicamente, siempre me hacía poeta cuando tenía el corazón roto; de otra forma, como los borrachos, no hubiera sabido poetizar. Ahora me salen todos estos versos quebrados sobre el amor no amor. Quién sabe, a lo mejor ya he superado esto de escribir poesía con el corazón roto y he pasado a escribir verso con el corazón henchido.

Pero lo que nunca he sabido determinar es si la poesía es ficción o realidad, ¿tú qué dices, desamor? 

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