Adiós por ti

Adiós, es lo único que te puedo decir ahora. Empiezo a pensar que toda esa silenciosa lucha en la que estábamos metidos durante meses, fue para nada; ahora es todo polvo y humo en el viento.

Adiós ahora, por todo lo que se dijo, todo lo que se sintió, todo aquello que pasó, porque pasó; porque ahora queda en el pasado. No es que esté finalizando, es que ya ha finalizado. Adiós ahora por eso, porque ahora es adiós.

Y es que hubo un día cuando sentí miedo, porque pensé en este adiós. Pasamos mucho tiempo esperando, el silencio irrumpió en el devenir, nos fuimos separando; llegó el adiós. Adiós. Se hizo demasiado tarde para nada. 

Una parte de la culpa, esa culpa que aún no tiene nombre ni realidad, fue mía; la otra fue tuya. En qué medida nos toca a cada uno la proporción, no lo sabremos hasta después del adiós, cuando sintamos el arrepentimiento y la frustración que llega con todas cosas pasadas. Será para el demasiadotarde decidir qué parte jugamos en esta decisión que nos ha sido robada por lo inevitable. Ahora nos queda esperar, no por ver si el adiós se hace hola (sabemos que eso no puede pasar), sino por ver qué ocurre con todo aquello que venía antes del adiós y que todavía no tiene su punto final; todo aquello que aún no es adiós, sino lo que queda en medio, y tiene toda la inercia de las emociones.

Nos arrollará después, poco a poco tal vez, de golpe al final seguramente, pero siempre cuando menos lo esperemos. Nos daremos cuenta de que, ¡ahí va!, todo lo que un día sentimos, dijimos, hicimos… sólo fue un juego de ilusiones; la verdad se hace de rogar.

La verdad siempre se conoce tarde, cuando su efecto imparable nos hace prisioneros y víctimas del presente pasado. La verdad del nosotros sólo lo podemos ver cuando digamos adiós, los dos a la vez. Adiós. 

¿Sabes qué? Aunque lo escriba aquí, todo este sentimiento ya tuvo su mensaje, y ahora soy yo intentando sobrevivir a la caída, a que me he dado cuenta de que es un adiós con sus cinco letras, para siempre. Que no hay una vuelta atrás, que todo lo dicho está dicho, que todo lo sentido está sentido; que todo lo hecho… no está hecho. Pero es un adiós, y que es tarde. Que esperamos mucho para conseguir tan poco, perder tanto. Ahora el adiós nos deja con un sabor amargo, una especie de culpabilidad que, entre necesaria e inevitable, nos confunde y nos arrolla. No podemos cambiarlo. 

Este es el adiós por ti.

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