Mensajes sin respuesta

«Y todo este tiempo he estado esperando». Así es como comienza ese mensaje. Es un mensaje lleno de nostalgia, tristeza, resentimiento; de emociones que no han tenido solución durante tantos años. Ahora llegan para quedarse en silencio. 

Lo cierto es que… no sé cómo enfrentarme ante esta realidad, que me parece ajena, que me pertenece. Es algo que viene de otra parte, desde otro rincón; desde otro corazón. Tiene palabras propias, como fantasmas, que están libres y atrapadas al mismo tiempo. Y parece que enfrentarse a la situación es una imposibilidad.

Hemos sido apartados por los años, por las circunstancias de la vida, por todo aquello que simplemente pasó y pasó. Ahora parece que se acerca una tormenta por el noroeste: con el último sol de la tarde, se tiñen los nubarrones de rojos, rosas, naranjas y púrpuras; son un aviso, un aviso de que esta noche lo que habrá en la oscuridad será frío y lluvia, será el resultado de una tormenta que ha recorrido todo este reino desde el Norte.

Perdimos el Norte. Yo perdí mi sentido de la orientación; yo también perdí mi Norte. A partir de ahí fueron merodeos sin rumbo, intentando situarnos en el mapa, avanzando en la niebla.

¿Cómo te puedo decir todo esto, todo esto que te quiero decir que parecen sólo fantasmas surgidos desde el pasado, llenos de polvo y telarañas, sentimientos oxidados por las lágrimas calladas? Sólo hasta que la cortina de lluvia da en las ventanas, creemos que tenemos una oportunidad para salir corriendo de la casa hacia el infinito, sin que nos pille nada, pero la realidad es que es inevitable.

El consuelo, callado consuelo, es que esto también pasará: la respuesta también pasará, todos estos sentimientos arrepentidos también pasarán… ¿O no?

Entre los nubarrones se abre una brecha de esperanza, una última fisura en la inmensidad de la tormenta por la que uno puede ver el último cielo de la tarde, lleno de colores cálidos. Parece que no será eterno, que la noche no se hará larga, que habrá un mañana donde el frío no se cale en los huesos, en este inusual mayo del alma, lleno de cambios.

Ahora la fisura, la brecha, el desgarro en las nubes desaparece y la primera ola de gotas cae sobre la cara. Todo se vuelve borroso en el horizonte. La tormenta ha llegado. Es hora de resguardarse dentro de casa y esperar a que pase.

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