Volver para no volver.

Te inventé de un sueño. Fue una especie de fantasía macabra para aliviar los dolores del corazón. Y las penas. Saliste de la punta del lápiz como una salvación, un salvavidas más bien en medio de un océano de terror. Entonces no me podía enfrentar a él, y saliste tú para salvarme.

Luego te escapaste, tomaste forma, te hiciste casi real en un mundo que parecía hacer encaje con tu existencia; un personaje más en esta saga sobre la experiencia humana.

Hasta cierto punto, existes: la variedad de la vida humana permite que, por gracia del azar, estés en alguna parte del mundo. Simplemente que no nos conocemos. Es a partir de ese punto en la que pretendemos conocernos que todo es ficticio, una elaborada historia digna de novela.

No obstante, en sueños diurnos, puedo jurar que recuerdo tu sonrisa, tu perfume favorito e incluso la forma en la que me mirabas cuando teníamos una discusión. Puedo describir tu cuerpo, tu historia, los sentimientos que has tenido e incluso las pequeñas manías que tanto te hacían tú.

Estoy robándote de tu destino, de tu identidad y de tu libertad. Por eso, necesito que me perdones. Está en este poder que tengo, casi como jugar a dios, de hacerte diferente y cambiarte a mi antojo. Pero por más que lo quiera o lo desee, ya tienes forma, ya tienes imagen, ya tienes historia. Y aunque todo esto viene de mí, hay algo que ya no puedo cambiar, y eso es que tú ya eres tú, como te hice. Y ese sentido de pasado —y de historia— es lo que me impide cambiar.

Has madurado y has crecido, lejos de mí. Tienes tu vida por delante: tus amigos, tu trabajo, tus amores, tu futuro. Has viajado por el mundo y has tenido tus tropiezos. Puedo decir, incluso, que tienes tus propios secretos y otras cosas que nunca me has contado. Y es justamente eso, toda esa vivencia que has tenido fuera del papel y el lápiz, lo que me hace imposible cambiarte, sustituirte, borrarte.

Hay algo de tu propia existencia, mi mentira, que ya no puedo cambiar: y es que estás ahí afuera, en alguna parte, en las memorias que todo aquel que te conoce y ha escuchado tu nombre y nuestra historia. Aunque sólo sea en mi mundo ficticio.

Quiero que vuelvas para que podamos cerrar este capítulo, este amor imposible, de tinta. Quiero que regreses para que te pueda borrar línea por línea, de mi mente y de la realidad, hasta que sólo quede un fantasma de ti y el sabor emocional de haberte conocido tan bien, como si nos hubiésemos querido. Quiero que vuelvas, porque ya tengo otros personajes que me esperan, y que esperan sus futuros, sin que tú regreses como el eco que eres.

Vuelve, por favor, para no volver.

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