Antaños

Tengo grabado a base de infancia, en la memoria, los pasajes de libertad y naturaleza de aquella casa bañada por el tiempo y la historia. Sus paredes envejecieron en negro con el paso de las lluvias, y todos esos árboles quedaron tan marcados por el paso de las estaciones que no hay hojas en el mundo para contar cómo fue. Muchas de mis noches aún están llenas de sueños marcados por miles de estrellas, por veranos al aire libre, por campo abriendo mi alma ventana a ventana. Quiero volver, no voy a mentir, a esa sustancia que es de verdad quien soy, que nunca dejé de ser, y no quedarme en este animal encerrado por el asfalto y por las direcciones de esta tan aclamada civilización. Quiero volver al paso ligero, al pie de barro, al susurro en el viento o al lenguaje de los caballos, de viaje por los campos de amapolas y en busca de fantasías entre los bosques del lago. Porque para mí siempre será un lago aquella artificialidad del pasado. Vosotros no sabéis de lo que hablo, pero mi alma me entiende. Eran todo antaños, nostalgias ahora de este presente, y más pronto de lo que quisiera, serán vestigios para un futuro que no puedo parar. Son adioses sin retorno y sin fin.
Me consuela, no obstante, ese árbol de escudos dorados que guarda la tumba de mi segunda alma. Siento en el viento que crece fuerte, a pesar del abandono y del suelo endurecido por la falta de pasos. Me consuela pensar que ese árbol, ahora el único elemento de toda una historia, yacerá en mi corazón con un amor inmutable y eterno. Ese árbol ha enraizado en mí como una lección de vida, en mi alma, en mi memoria y en la forma en la que siento. Es sólo un árbol, pero nunca habrá otro igual.
Aunque hoy sean los antaños de mi vida, las ruinas de mi existencia, mi mitología del ayer, aun hoy daría un día para volver a la sombra de ese majestuoso ser en el que he atrapado un momento de la eternidad, y si me lo permitiesen los espíritus de la tierra, traer conmigo, en esta odisea que es la vida, una rama para guiarme un camino arraigado en el mañana. Sería una rama que apuntaría en dirección a mis sueños, siempre creciendo fuerte con cada logro, con cada avance, con cada huella. Y dejaría de ser un antaño.

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