No lo olvides…

No olvides las razones por las que estás haciendo lo que estás haciendo. No olvides qué te ha traído hasta aquí, o por qué eres quien eres. No olvides tus creencias y convicciones. No olvides tu lugar en este condenado mundo. No olvides tus sueños ni tus aspiraciones en la vida. No olvides tus metas y propósitos.

Pero todo lo demás es prescindible: tus posesiones materiales desaparecerán, la casa donde vives, la tierra que te vio nacer, la familia que tanto te acogió, las memorias que la vida te ha regalado, toda la gente que ha pasado por tu vida; los amigos. Todo es prescindible: las posesiones pueden desaparecer en un incendio, robadas, extraviadas. La casa se hace vieja, la vida se presenta con miles de oportunidades que requieren de sacrificios; la tierra que te vio nacer te verá partir hacia otros horizontes como parte de esos sacrificios. La familia se vuelve la encarnación de la grotesca confianza que acaba por quemar las bases de tu existencia. Las memorias se olvidan si no están aseguradas en las cajas de la rutina presente. Y la gente sólo viene y va; los amigos sólo son amigos hasta que no son amigos, y eso puede pasar en cualquier momento, por cualquier razón, por palabras mal dichas, gestos mal dados, accidentes, viajes.

Todo en esta vida es prescindible, menos aquello que realmente te hace quien eres. Todo lo demás es un juego de humos y sombras: el viento acabará por aclarar el aire y las sombras se empequeñecerán cuando amanezca. Lo único que no es prescindible es el cambio, y el cambio lo afecta todo. El cambio es como una tormenta que barre las arenas de una playa, que agita incluso los árboles más robustos, que hace que las nubes pinten un nuevo cielo. El cambio hace que todo lo demás sea prescindible, y porque siempre ha existido, existe y siempre existirá, todo lo demás es prescindible excepto uno mismo.

Por todo ello, no lo olvides: no olvides las razones de tu existencia, el recuerdo de los caminos de tu vida, las creencias que te fundamentan, tu lugar en este mundo, los sueños que te sustentan y empujan, y tu destino. No olvides ninguno de ellos, porque todo lo demás es prescindible. Al final, lo que siempre estará ahí tras todas las tormentas, lo que se mantiene de pie, lo que ha superado el impulso arrollador de la vida, eso que permanece, serás tú y sólo tú. No lo olvides. Porque tú mismo no eres prescindible.

No olvides que tú mismo eres imprescindible, a pesar de todo el cambio que te afectará, seguirás siendo tú, un distinto tú cada vez, pero un tú que sólo serás tú después de todo. Imprescindible.

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