Carlos,

Te llamas Carlos. El hecho de que conozca a dos Carlos en mi vida tal vez condiciona mi elección por tu nombre. También, Carlos es un nombre muy común. Igualmente común son los nombres de Juan, Jorge, Francisco, José, Luis, etc.. Pero por la rareza de Carlos en mi vida, he decidido tomar ese nombre.

Te llamas Carlos. Tienes unos… 23 años. Estudias en la universidad. Bueno, estás casi terminando. Te consideras fuera de lo común, aunque en tu grupo eres uno más del montón. Da la casualidad que tus amigos se parecen a ti. Bueno, no es casualidad, es una básica ley de la vida social. Congeniar bien, congenias con dos personas, tres a lo sumo. Eres alguien de grupo cerrado y amigos concretos, pero eso no quiere decir que se te dé mal conocer a gente nueva. Bueno, tal vez un poco sí. Pero la vida en la universidad te ha cambiado, te ha madurado, y parece ser que algunas cosas son más fáciles. Tienes unas aficiones bastante normales: el fútbol, salir con los amigos a tomar unas cañas, tal vez escalar — que en estos días parece ser una moda, o es que siempre lo ha sido —. Curiosamente también te atrae el baloncesto, y aunque llevas bastante tiempo sin montar en bici, también te gusta. No obstante el ajetreo de la universidad te ha empujado hasta el punto donde has tenido que dejar aparcados algunos hábitos, pero a pesar de todo, siempre encuentras algún ratejo libre cuando practicarlos. Te gusta leer. Es curioso cómo algunas generaciones están marcadas por ciertos hábitos, y leer siempre ha marcado tu generación, esa generación cuando la cultura tenía un valor competitivo. Sí, al menos en mi generación era un valor competitivo; ser culto estaba de moda entre mis amigos. Venga, también tienes novia. Lleváis a duras penas dos años juntos, pero han sido dos años muy intensos y congeniáis muy bien. Sí, habéis tenido vuestros momentos de tormenta, pero siempre han pasado y siempre habéis encontrado el camino de vuelta al puerto, sanos y salvos. A pesar de todo el tiempo que ha pasado y todo aquello que habéis vivido, sigues pensado lo curiosa que es la vida y lo inesperados que son esos momentos cuando las personas deciden entrar en tu vida, así por sorpresa, de la manera más extraña posible. La conociste en el metro. Todo el mundo conoce a alguien en el metro. Fue… curioso. Y aún hoy te sorprendes. Pero te alegra, te alegra enormemente lo que pasó hace casi dos años, y te alegra hoy aún más. Tu familia… No eres receloso a hablar de tu familia, pero tampoco es un tema fácil. Tampoco evitas hablar de ello: si sale, sale. Y ya. Pero no eres muy dado a hablar largo y tendido sobre el tema. A parte de leer, con los años y descuidadamente, has cogido esta manía de escribir, y mira por dónde, también te gusta. Digamos que es algo natural en ti, pero tampoco es lo tuyo. Sí, la parte trasera de tu cuaderno está repleto de frases e ideas y pequeñas tonterías, ¿y quién no tiene algún cuaderno así? Sí, también, cualquier trozo de papel que caiga en tus manos es un tesoro literario potencial. Pero lo tuyo de verdad, aunque nunca lo practicaste con ahínco, es dibujar, garabatear, pintar. Eso sí, te encanta la fantasía y tienes puesto en un altar, ¡cómo no!, a El Señor de los Anillos.
No te consideras ni guapo ni feo, porque a ti esas cosas siempre te han importado más bien poco, aunque siempre has agradecido calladamente esos píropos que de vez en cuando alguna amiga, o amigo, te lanzaba. Nah, amigos ninguno. El pelo corto, porque tu eres de la filosofía de lo simple, siempre lo has sido, y eso de tener el pelo largo nunca fue economía fácil. ¿Y de vestir? Vestir normalillo, del montón: los vaqueros de turno, camiseta y sudadera. Simple, y a la vez muy tú.
Y porque al parecer lo que caracteriza a esta sociedad es hacer grupos por estilos musicales, tú te sitúas en la corriente del Rock, aunque nunca has rechazado otros estilos como el Hip Hop, el Rap — que nunca he sabido la diferencia entre ambos, sin ofensa a nadie, me parecen iguales —, el Pop, el Jazz, el Raggae. Eso sí, no aguantas ni el Techno, ni el Raggaeton, ni el llamado “Bakalao”, la música electrónica en general. Te parece deshumanizante y acultural, porque de alguna forma aún eres tradicional en estos valores. Tú lo achacas a tu generación y a ese amor por la cultura que brotó en moda en tus tiempos más joviales.
Y tienes un perro, hembra, cinco años de edad. Labrador dorado oscuro. Es una más de la familia y la quieres.

Te llamas Carlos y éste eres más o menos tú. La verdad es que aún no sé quién eres y tampoco sé si alguna vez te conoceré en toda tu plenitud, que dudo mucho que pase algún día. Pero al menos eres humano, con tus sentimientos, tu profundidad psicológica y tu historia, marcado por lo que has vivido y también por lo que vives, aquí, donde sea aquí, y ahora.

No sé si existes, que lo más probable es que sí, pero si alguna vez me conoces, por favor, no esperes a que te cuente nada de tu historia. Ni siquiera sé el final y dudo que lo sepa, o lo quiera saber. Lo importante del camino no es el destino, sino el recorrido, ¿no?

Sí, la vida es una Gran Historia de Historias, pero incluso yo soy un personaje.

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