“Un café con sal”

Hoy escribiré lo que mañana me falte. Porque reincido sobre los mismos tropiezos, y un día vivo mucho y al día siguiente me faltará todo. Tal vez nos guste vivir así, con tales variaciones, sometiendo al dúo cuerpo-mente a dosis y faltas continuas de emociones.
El tiempo pasa cuando me encierro en mis palabras y se me olvida que tengo una rutina que seguir —  o crear —. Pero cuando se trata de tiempo y escribir, el mundo se reduce a que no hay tiempo que perder cuando tienes algo que contar, y cuando cuentas algo, no hay tiempo.

Lo dije el otro día: La vida de un escritor es trepidante. También recuerdo que estaba mirando por la ventana y anunciaba que las amapolas ya florecen en el campo, bermejas, elegantes, sencillas.

También recuerdo lo mucho que me reí al darme cuenta de las margaritas rojas que había sobre la mesa, y recordar los buenos momentos de ayer. Porque siempre tengo muy buenas memorias cuando se tratan de margaritas.

Necesito una buena conversación. Y yo sé que tú también.

 

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