Insomnes sueños.

La mañana apremia en el horizonte y creo olerlo en el aire. No he dormido nada, la verdad. No me quejo: el insomnio me ha lanzado parabólicamente hacia esta rutina. Es “La Filosofía del Insomnio”, por darle un tono positivo.
Dentro de poco los primeros rayos del sol romperán el alba y el día iluminará su paso hacia el futuro. No quiero hablar sobre la belleza de un amanecer, no porque no quiera, sino porque no es lo que quiero escribir.
Aunque irónicamente no sé qué quiero escribir exactamente.
“Déjate llevar”, escucho.

Ni siquiera me he metido en la cama. He tenido un extraño impulso radical a escribir, y a escribir solamente. No sé si es malo, pero lo que sí sé es que no contribuye a remediar mi insomnio.

Necesitaba algo sobrio, sencillo, elegante, personal. No personal en el sentido de privado, sino personal en el sentido de “muy yo”, algo que me denotara a mí, con mi personalidad, mi ¿elegancia? Mi filosofía.
Así que he cambiado todo: la apariencia, el título, la dirección. He cambiado algo pasado presente en algo presente con prospectos de futuro.
Estoy seguro que las ganas de escribir han salido de esta sensación de persecución. ¿Cómo? No lo sé. Pero sí sé que no podía seguir mi día a día sabiendo que mi blog aún estaba poseído por el alma del pasado.
Y ha sido tal vez eso, de sentir la persecución de mi pasado incluso en mis palabras lo que me ha llevado a ponerlo todo patas arriba.
Necesitaba “empezar de cero”, aunque sea poco a poco; por los detalles se empieza.
Claro que tampoco iba a empezar de cero de verdad y tirar toda una historia de historias a la nada…

Pero lo he hecho. El impulso de escribir remite, aunque no quiero que desaparezca y vuelva a sumirme en un bloqueo artístico. ¡No! Por favor.
Me siento mejor, sabiendo que he dejado un “viejo” y he decido adoptar un “nuevo”.
Psicológicamente hablando: son estos pequeños pasos los que dan grandes resultados.

¡Ya! El mundo se ha llenado de un azul pálido y frío, los pájaros empiezan a cantar, esos pájaros típicos españoles que llenan la mañana de música. Digo españoles a falta de conocimientos ornitológicos específicos. Es una dualidad maravillosa: la plenitud de sensaciones que te llenan de una calidez emocional y el frío de la mañana en todos sus aspectos – color, temperatura, quietud, silencio – hacen del amanecer un espectáculo único que no se puede explicar con palabras.
Es una vivencia imposible de relatar más allá de la propia vivencia.

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