Soy mi prisión.

Y algunas veces quiero escapar de mí mismo, ser libre, volar lejos y no sentir el suelo bajo mis pies.
Algunas veces quiero no estar en mí, en este cuerpo atado por las cadenas pesadas de la gravedad.

Quiero evaporarme en el éter de la fantasía y ascender hacia el cielo como lazos de humo, donde los sueños brillan dorados y tomas formas extrañas imaginables.

Pero soy mi prisión, en un entramado de huesos que me mortalizan, pesado sobre el árido suelo, y en un entramado de ideas que me marean, que surgen y se esfuman, que dejan su rastro de aire, efímeras, evanescentes, fugaces.
Soy mis propias cadenas, soy mi propia gravedad, mi propio carcelero, mi propio juez, mi propio verdugo.
Me hundo en el tiempo, náufrago a la deriva en un mar de momentos que esperan engullirme, poseerme, hacerse con mi experiencia y violarla, estirarla como un chicle y pecar sobre sus hojas blancas y vírgenes.
Me hundo en el tiempo, que quiere robarme mi historia y acoplarse en ella.

Soy mi prisión, y algunas veces tengo miedo y ansiedad.

Y sin embargo, también soy mi soñador, el que me saca de esta cárcel lleno de dolores y sufrimientos, y me ayuda a fugarme por la vereda plateada de la luna, donde en las noches más claras, mis deseos se suman a mis sueños bajo el amparo de las estrellas. Y el corazón es mi cómplice en crimen.

Soy mi prisión, pero algunas veces hay esperanza.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s