The Duchess, de Saul Dibb, 2008.

Supongo que soy un verdadero cinéfilo.

Si una película me gusta de verdad, la curiosidad me empuja a aprender todo lo posible sobre ella, incluído el libro en la cual está basada (si es que está basada en un libro), el reparto, el director, el año, secuelas y/o precuelas, premios. Y compositor. Soy músico en mi corazón, y una película me marca tanto por la historia como por la banda sonora.

Puedo afirmar que no sólo me pasa con las películas, sino con todo, absolutamente con todo. Soy curioso por naturaleza, y me gusta aprender. Sumándolo todo, salgo yo, alguien que no sabe nada (risas).

Si tuviera que elegir una película, este mes, que me ha cautivado hasta el límite de la fascinación obsesiva, creo que sería “The Duchess” (“La Duquesa”).
Dirigida por Saul Dibb, en el 2008, con Keira Knightley y Ralph Fiennes. Basada en el libro de Amanda Foreman, “Georgiana, Duchess of Devonshire”. Y con la música de la compositora Rachel Portman.

No puedo mentir, ¿para qué? Pero ya la he visto 5 veces. Y me paso horas escuchando su banda sonora.
Me cautiva, me absorbe, me tranquiliza, me evado, me da paz, me lleva a otro pensamiento, me calma, encuentra en mí la esencia de la vida, despierta sueños. Me lleva de viaje por la imaginación. Me fascina.
Hasta que venga otra película, como siempre.

Si te gusta el género histórico (y te tiene que gustar, gustar), entonces esta película es altamente recomendable, por la ambientación, el vestuario, la actuación en sí misma, también.
Y por información curiosa, transcurre durante la épora Georgiana, la Inglaterra del siglo XVIII, misma época en la que ambienta Jane Austen su famoso “Pride and Prejudice” (Orgullo y prejuicio).
Películas que también se ambientan en esta época: “El Conde de Montecristo” (2002, dir. Kevin Reynolds), “El Perfume” (2006, dir. Tom Tykwer) – ésta última a falta de verla y de leer el libro; es una promesa que he de cumplir pronto… -.

Por todo esto, supongo que soy un verdadero cinéfilo.
O al menos, uno con cierta credibilidad.

Y el otro día me topé con una famosilla pregunta que siempre sale, no sé por qué, no sé cuándo, no sé cómo, pero eventualmente siempre sale.
A la pregunta, “¿En qué época histórica vivirías?”
Yo respondo: Época Georgiana, Inglaterra del siglo XVIII.
De momento estoy seguro… Pero, francamente, si pudiera vivir en todas las épocas, mejor que mejor para mi filantropía. (risas)

Me sorprendí el otro día, de nuevo, al descubrir que no soy único, no al menos en este aspecto.
Aquí va un “merece la pena”: pasa algunas veces que te das cuenta de que no eres el único en algo – una opinión, una virtud, la forma de ver el mundo, una filosofía, una idea -, y te sorprendes. Te sorprendes grandemente, como si fuera siempre la primera vez.
Y se repitirá, pero te seguirás sorprendiendo como si fuera la primera vez.
Es un sentimiento tan sereno, porque te sientes conectado, conectado con tus iguales, de alguna forma, conectado, formando parte de algo más grande; por un momento te desvinculas de tu individualidad y te vinculas a un sentimiento de colectividad. Y dejas de sentirte solo, aunque sea por unos momentos.
Pero son momentos que merecen la pena vivirse.

Bueno, aunque parezca ridículo, incluso extraño, el otro me sorprendí al descubrir que hay más gente que tiene la misma opinión que yo (es sobre la película, sí; ya lo he dicho, tengo una fascinación obsesiva).
No soy el único que piensa, quiere, volver a aquella época, donde las mujeres eran verdaderas damas y los hombres, verdaderos caballeros, todos con gran educación y cultura, con modales y disciplina, de inclinación de cabeza y citas de poesía, de bastón en mano y de sombrero en la otra.
Claro que, con las comodidades y los avances sociales de esta época. La electricidad siempre es bienvenida, pero me parece más ecólogico ir en caballo a todas partes.
Y la mujer, con respecto, honor, dignidad y libertad.

¡Pero qué delicia sería volver a aquellos tiempos!

+ Ciertamente (ja, ja, ja)
– De verdad, Carlos, qué gracia tienes.
+ Ay, no me eches las flores a mí. La señorita Claudia se encuentra de lo más desatendida, por favor, échala las flores a ella por lo bella que viene hoy.
— ¡De verdad, Carlos! ¡Me ruborizas!
+ Pero al menos habré dicho verdad.
— Y agradecida estoy con el intento, descuida. Y bien, ¿qué noticias traéis?
– Sinceramente, escasas. Pero no nos detengamos en esas cosas, que lo importante aquí es disfrutar de la tarde. ¿No hace una tarde espléndida?
+ ¡Sin duda! ¡Sin duda! Pero empiezo a echar en falta las buenas lluvias de Octubre, como los buenos tiempos pasados.
— Y yo. Aunque para qué mentir, las buenas tardes siempre se agradecen.
– ¡Un convite por eso!
(ríen todos)

Conversación ambientada en aquellos tiempos; parece muy de película, lo sé.
Pero por eso es de película, ficción, porque ya no ocurre…

Y es que las buenas cosas duran poco, o eso dicen.

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