Estudios de Paganini,

Como fondo de música.
¿Qué puedo decir? Disfruto mucho con la música clásica. Encuentro en su disciplina arcaica un punto de serenidad espiritual que no encuentro en otro género de música; la música de hoy ya no es lo que era…
Y mientras tanto, pienso en el mismo arte del escribir, de tener el blog, de hacer algo productivo.

Es mucho más fácil escribir si piensas que estás escribiendo a alguien en concreto, como un mensaje personal. Es en los mensajes cuando uno es más humano – si es que humano significa sentimental -, y es cuando salen cosas de verdad, cosas compartidas, en muchas ocasiones, por un gran número de personas. Me he dado cuenta que el problema de escribir en un blog es que hay un grupo, amplio y diverso.
A algunos les encanta la música clásica, a otros les parece detestable. A muchos otros, ni pachín ni pachán. Y dentro de esa división, están los que prefieren violín a viola, piano a órgano, guitarra a cítara, solo a orquesta, pieza a sinfonía.

Así que supongo que la tarea de escribir es una cosa individual circunscrita a la humildad de darlo todo a cambio de nada, o poco. Escribir como profesión, como afición, como algo casual o como pasatiempo, sea cual sea la modalidad, escribir es una cosa individual reducido a la voluntad de expresarse ante los demás, de regodearse en los demás. En un propósito último, de entretenerse a uno y a los demás. Pero a fin y al cabo, de expresarse.

Escribir es un acto incondicional, un acto desinteresado. Se hace por hacer. Con osadía, diría que es un acto puro: no hay un objetivo, porque el objetivo mismo de escribir es el acto mismo de escribir.

Nota, hablo de escribir como algo despojado de ese carácter comercial que al parecer se le ha pegado a todas las ramas del Arte. Escribir como arte, no como medio crematístico. Escribir en su esencia más reducido y más básica. Escribir como fin en sí mismo, no como medio.

Con respeto al gremio. Después de todo, no soy escritor. Sólo soy alguien que escribe…

 

Tengo envidia, pero envidia sana – aunque no sé muy bien a qué se llama envidia sana y qué envidia mala -. Sólo sé que tengo envidia, y supongo que es sana.
Me pasa que tengo envidia de otros que escriben como yo. Tengo envidia de los demás escritores. Tienen algo que a mí me falta, algo en su estilo que cautiva y capta más. Tienen una chispa mágina que me falta, y tengo envidia. Busco ser como ellos, pero sin ser como ellos. Y es sana, porque me deleito leyendo lo que escriben, dando gracias que hay alguien que escribe así. Y de una manera sutil, leyendo a otros, intento entrenarme en su estilo, haciéndolo un poco mío.
Envidia y sana, supongo.

Pero volvemos a lo mismo, individualidad, unicidad – acabo de comprobar que la palabra existe, después de años de dudas y dudas, la DRAE me lo ha resuelto por fin -. Es la paradoja de la vida social, querer ser único e individual, y al mismo tiempo formar parte de un colectivo, de una grupo, de una comunidad.
Una paradoja que se extiende a otros campos, como por ejemplo, al del arte de escribir.

Yo sólo sé que tenía en mente empezar con la frase “Es trágico…”.

Me quedo con los Estudios de Paganini para piano.

 

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