En el Ecuador del año,

Y las perspectivas cambian, miras hacia atrás, te miras ahora, ¡y vaya que si te llevas una sorpresa!
¡Cuán rápido cambian las cosas…!
Me pasa que por mucho que me repita, en cierto momentos, “¡Qué rápido pasa el tiempo!”, nunca me lo termino de creer hasta que llegan esos momentos de “iluminación”, donde la realidad se te aparece de repente, sin darte cuenta miras tu pasado, y te sobresaltas. Luego todo pasa, vuelves al “ahora”, sigues tu rutina, y todo se vuelve a olvidas. Hasta que vuelve.
Siempre vuelve. Es un volver periódico, un máximo y un mínimo que se alcanzan intermitente, pero periódicamente.
No te preocupas del tiempo hasta que vives de verdad el tiempo, y sientes su furia vertiginosa. Entonces despiertas del trance que hace la costumbre.
Terrible.
Pues a la par que estos despertares “del tiempo”, vienen y van como los trenes de una estación mis ganas de escribir. Hay días que simplemente no tengo nada que decir, y otros tantos en los que tengo demasiado que decir que no sé por dónde empezar. El caso es empezar, ¿no?
Pero ahí está la paradoja: no sé cómo empezar.

Hoy, en la madrugada, como manda mi propia tradición (de tener las mejores ideas y las ganas de escribir), me ha llevado hasta aquí una serie de eventos. Parafraseo a Lemony Snicket, y lo que me ha llevado aquí ha sido “una serie de catastróficas desdichas”. Y ciertamente catastróficas, si no de una forma discreta.

Las cosas no van bien, y hasta ahí el gran resumen.
Las cosas con mis estudios en la Universidad van tan bien como pueden ir; sobrepasé mi llamada “crisis de futuro” a raíz del descubrimiento de un error que me llevaba creyendo un año. A este error lo llamo el “Error 0’4”, el porcentaje que me faltaba en la nota de acceso a la carrera que siempre he querido. Y aunque no lo creáis, 0’2 en la nota significa un punto más o un punto menos… En fin, el descubrimiento en cuestión me devolvió al optimismo en un abrir y cerrar de ojos, y lleno de entusiasmo el futuro se me apareció de otra forma. Por algo se llamaba mi “crisis de futuro”…
Las cosas con mi salud van, de momento bien. Dicen que “la primavera, la sangre altera” (una de esas frasecitas populares españolas). A mí, en primavera, me sobrevienen las alergias infernales. ¿El problema este año? Es que no me ha venido ninguna aún… Me aferro a que es algo bueno, pero a mi ver, “no hay bien que por mal no venga” (muy optimista no es, lo sé).
Las cosas con la familia, ahí van… Mi queridisísima tía (nótese la ironía en el superlativo “superlativizado”) sigue en su empresa de hacernos (a mi madre y a mí) la vida imposible a base de amenazas, denuncias, denuncias, reclamaciones y más amenazas.
Hay momentos en la que en mi mente se ilumina la frase “la perdono” (y hasta llego a sentirlo con emoción), pero hay momentos en la que podría quemarse en el infierno por la eternidad. Pero que quede claro: no la odio, sólo la tengo desprecio, algunas veces… (más que pocas).
Del resto de la familia hay una creciente falta de comunicación que, con el paso del tiempo, aumenta. Pocas veces son las que hablo con alguien de mi familia: hay con quien ya no hablo y hay con quien hablo apenas. Pero debo confesar que han sido los eventos acaecidos en los últimos tiempos, y el cambio impuesto (el cambio de casa, el trabajo de mi madre, mis estudios…) Pero lo malo no se puede justificar, y aquí la cosa no va ni viene, ¡a quién vamos a mentir!
La noticia que sí que me impacta es mi madre. Mi madre se va. Se va. Desconozco si es para siempre, por unos meses, una temporada… ¡No lo sé! Sólo sé que se va, ¡y se va!
Y cada vez que lo anuncia como si nada, a mí me pone de los nervios. De hecho, me atemoriza. Pero como buen hijo, tengo que estar calmado y hacerla saber que “todo va bien” (o eso es lo que aconseja mi hermana).
Pues no, no va bien. No tengo trabajo, estoy intentando centrarme en mis estudios al 200%, el dinero que sale es mayor del que entra, y las cosas se tornan oscuras, opacas. Y mi madre se va.
Estoy en la situación de elegir entre dos caminos (llamada la “situación de dos”, para futuras referencias): o quedarme aquí, solo, pagando un alquiler a base de unos ahorros que disminuyen alarmantemente (y mi hermana insiste en que no me preocupe por el dinero… ¡¿Cómo no me voy a preocupar?! ¡Con los tiempos que corren!), y caer en la independencia de bruces (cosa que, a diferencia de otros jóvenes, no busco con obsesión), o irme con mi madre de vuelta a mi país (lo llamo mi país porque nací allí, pero por hogar, España), y sí o sí, estudiar en Australia, y de nuevo solo. Sea como fuere, me quedo solo, independiente, y en plan “tú te las arreglas”. No es el fin del mundo, lo sé. Pero me incomoda inimaginablemente. Con lo inútil que soy yo…
Y mi madre se va.
Esto es como el dentista: siempre nos esperamos lo peor. La mente se centra en la peor opción hasta que la realidad nos confirma de lo contrario, y desgracia la de todos, muchas de las veces siempre es la peor de las opciones.
Pero yo tengo esperanzas, vagas, pero las tengo. Mi madre se va, pero se va… ¿Unos mesecitos? ¿Medio año?

Pero se va dentro de un año, 10 meses… Dentro de muchos meses. Y en muchos meses pueden pasar muchas cosas, ¿no?
Espérate lo inesperable.
¡Y por esperarlo, mira con lo que me viene el destino! ¡Mi madre se va!
Y sin razón alguna, estoy cabreado con ella. Indignado más bien, casi dolido.
¡Qué maldito desagradecido soy! Después de que ella ha hecho todo lo posible por mí, pasar lo que hemos pasado sólo por mí, que haya llegado a tener problemas de salud sólo por mí… Y yo voy y me cabreo porque ella ha llegado hasta el moño y ya no quiere estar aquí.
Soy un maldito arrogante, egoísta, desconsiderado, desagradecido, insensible hijo.
Debo confesar que, por un lado, quiero el mayor bien para ella, quiero su felicidad y su bienestar. Pero por el otro lado, quiero que alcance todo eso conmigo. ¿Es eso ser un mal hijo…?
Una vez más, mi hermana tiene algo que decir al respecto: “deja que tome su tiempo y encuentre sus propias respuestas”.
Pero eso no quita de que mi madre se vaya…

Últimamente no puedo dormir, no sólo porque he cogido malos hábitos con mis horas de sueño, sino también porque, antes de quedarme dormido, pienso. Y últimamente pienso mucho en mi madre, en sus problemas, en los problemas en general. Y no duermo. No puedo dormir.
De hecho, ahora, debería de estar dormido. Pero no lo estoy; son las 03h38 de la madrugada, y aquí estoy, escribiendo, en vez estar soñando.

Tenía que desahogarme. Y escribir es la mejor terapia que conozco.
Tal vez ahora sí pueda dormir…

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s