¡Uff! ¿Y ahora qué?

Ya ha tiempo que terminé el curso; ha tiempo que terminé 2º de Bachiller.
La semana pasada fue una tortura persistente.
Esta semana ha empezado siendo cruel y angustiosa.
El paso de los días fue calmando la sensación poco a poco… Hasta un final inesperadamente muy tranquilo.
Hoy aún estoy con el ‘¡No me lo puedo creer!’
Y sin embargo aquí estoy, terminada la Selectividad, con el futuro por delante… Nada más.
¿Qué más puedo pedir?
¡Ah, sí! Una simple y sencilla respuesta: ¿Y ahora qué?
Toda una vida de duro trabajo, de continuas examinaciones, de temarios, unos entretenidos, otros tostonazos, de recreos, de risas, de juegos, de compañeros, de sacapuntas y de apuntes, de trabajillos, de lecturas obligatorias, de vida escolar. Estudiante menor, como yo oso a decir.
¿Y ahora qué?
Ya soy pre-universitario: ya no voy a tener recreo como los de antaño, ya no voy a tener la relación alumno-profesor como los de antaño… Y digo ‘antaño’ porque ahora lo siento así… Tiempo pasado. Y empiezo a echarlo de menos.
Ahora vuelve la frase, odiosa frase: no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos…
Y también recuerdo a Hume: hábito. El transcurso de los años ha hecho de los años escolares un hábito, un algo al que no prestar atención, un algo del día a día… Pero hoy ya no lo es. Y ahora me doy cuenta de lo mucho que lo echo en falta…
Tanto años queriendo salir de ‘ese infierno’; hoy irónicamente quiero volver, quiero volver a vivirlo… Quiero volver a sufrir (risas).

Pero la vida sigue, ¿no? Siempre sigue. Siempre a paso lento -o rápido-, pero siempre sigue adelante… No para.
Y vuelvo a repetir, siempre con incredulidad, ¡Soy pre-universitario!
Toda una vida soñando, planeando, diciendo, esperando… Hoy está aquí. Y sigo sin poder creerlo…

Pero, ¿y ahora qué?

Espero cambios… Muchos.
Espero grandes cambios.
Espero mejores cambios.
Espero una vida distinta. Tal vez, mirándome, una vida más aventurera, más arriesgada…
Espero ser una persona totalmente distinta.

¿Podré?
Y automáticamente alguien dentro de mi me repite (como durante toda esta semana de Selectividad): ¡Has pasado 2º Bachiller! ¡Has pasado Selectividad! ¡Has pasado primaria! ¡Has pasado E.S.O.! ¡Has pasado traumas! ¡Has pasado una depresión! ¡Has pasado muchas pérdidas! ¿Y por qué no ibas a pasar esto? La vida ha seguido, tú has siempre podido… ¿Por qué no ahora?

Lo llamo la voz auto-compasiva… La voz que todos llevamos dentro, que no sabemos que tenemos pero que está. Y cuando realmente la necesitamos, aparece.

La tercera (y enésima) vez que lo digo: ¡Soy un pre-universitario!

Y parece que con esa frase todo ha cambiado… Lo de ayer es pasado, muy pasado; lo siento casi antaño, lejano.
Y el mañana se me avalanza encima.
Y me siento distinto.

¿Y ahora qué?

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