Una vez me llamaron Ut… (II)

Mi historia empieza hace muchas auroras… En realidad, empieza con la primera de todas ellas. Y estas son palabras grabadas en el aire, aire que se diluye y se extingue en la nada, en el silencio, en el olvido… Advertí del eminente castigo al olvido, de ser dejados de lado… Pero en el Dat no me quisieron escuchar. Y cuando lo tuvieron que hacer, hubía demasiado fragor en los cielos.
Realmente, mi historia comienza con mi expulsión del Dat; fui condenado por mis hermanos a las profundidas frías del Nun, y allí, viví hasta La Guerra.
Recuerdo que los dioses estábamos muriendo poco a poco; sentíamos el olvido cernirse sobre nosotros… Vivíamos de nuestra creación, de las plegarias, de los rezos, de la creencia. Pero cuando esa llama en la Humanidad se apagó, nuestra vida iba tras ella.
Teníamos que poner una solución, pero mis hermanos estaban asaz ocupados entre ellos. Recuerdo que Maat y Nejbet bajaron al Nun y me liberaron de mi condena. Me pidieron ayuda.
Soy de los pocos dioses en la Corte Celestial del Dat que no sufre de rencor, ni codicia, ni avaricia… No me dejo llevar por emociones tan negativas… Mis hermanos, en cambio, eran una caja llena de ellas. También recuerdo ver a los humanos sumergirse en su llamado Racionalismo y en su llamada Ciencia; en su Razón y se perdieron. La verdad, nos perdimos todos.

No hubo Dat al que subir; Apep y Annubis abrieron las puertas al Duat y el Dat quedó sumergido en caos. Ni siquiera Amon y Ra pudieron poner orden en aquel lugar, ya irreconocible.
No me uní a ayudar a nadie, porque todos por igual eran mis hermanos, pero tuve que tomar una decisión: acabar esa contienda de una forma razonable o de una forma brusca.

Acabaron todos en la Tierra, incluido yo.

Y allí conocí lo que era la Humanidad: Tan bella en unos sentidos, tan cruel y mísera en otros. La vida de los humanos era más difícil de lo que me podría imaginar nunca…
Pero también comprendí que los humanos estaban colmados de errores, errores de los que con tiempo aprenderían… Pero no había mucho tiempo.
Los humanos decidieron abandonar a la Naturaleza, a la Tierra, a los dioses, a sus creencia, a sus almas… Lo abandonaron todo por algo que en un futuro se apoderará de ellos. Abandonaron la Verdad por encontrar su verdad; abandonaron la Esencia por encontrar nada…

Siento tristeza. ¿Es esto humano? Me estaré convirtiendo en humano… Pero al igual que yo, hay propios humanos que intentan concienciar a los suyos, pero éstos les niegan, les desprecian, les marginan… ¿Qué hace falta para que la Humanidad abra los ojos?

Esa es la respuesta que Maat, Nejbet, Hut-Hor y yo estamos intentando encontrar. Sí, creamos el mundo, pero ya no creamos su evolución… Luego, no creamos el futuro. Creo que es un error que muchos mortales tienen…
De todas formas, ¿no somos olvido? ¿No somos ‘mitología egipcia’? ¿No somos simples estatuas en el Museo de Londres? ¿No somos solamente escrituras y dibujos en las paredes de las pirámides?

Somos pasado… Y sin embargo, estamos muy presentes.

Nos olvidaron a nosotros, Los Ancestrales, para redimir la existencia de Los Iluminados…

He aquí un secreto que sólo Nosotros sabemos… Pero eso, con el tiempo, se desvelará.

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