Una vez me llamaron Ut…

Una vez me llamaron Ut… Hace ‘una vez’ que los mortales pronunciaban mi nombre… Hoy mi nombre es sólo mito.
Hoy sólo soy el polvo ancestral de las paredes de las pirámides, la sombra oculta de las escrituras del pueblo del Nilo; hoy he quedado en símbolos primigenios, en dibujos atávicos. Hubo una vez en la que La Humanidad me rendía pleitesía, me ofrecía el olor del arte incensario y decoraba mi altar con nenúfares… Hubo una vez en la que fui un dios.
Hoy sólo soy un recuerdo de pocos, un vástago minúscula de la cultura antigua egipcia… Hoy soy historia antigua… Hoy sólo soy eso, un nombre.
Tuvimos miedo. Amon, Keb, Horus, Jnum, Mut, Nut y Ra contemplaron La Destrucción: La Humanidad había decidido alejarse de los dioses, sumirse en sus propios conocimientos y abandonaron su alma. Incluso abandonaron a la Madre Naturaleza… Ellos nos abandonaron, nos retiraron del camino, nos obligaron a ocultarnos, nos condenaron al olvido… Hoy ya no somos. Hoy somos meros mitos… Y estalló La Guerra entre nosotros, hermanos de Las Bóvedas Superiores. Apep, Net,  Sejmet, Set, Soqar y Tefnut, los dioses de la violencia, la guerra y la destrucción decidieron acabar con la traición de los humanos, pero Serket, Satet, Ptah, Nejbet, Mejnet, Isis y Osiris se lo impidieron; pararon sus pies. Hut-Hor, Imhotep y Maat, diosas de la armonía, el equilibrio y el amor intentaron apaciguar a los hermanos, pero de nada sirvió. Yo, Ut, dios unificador, fui el que finalmente intervino, y les condené a la vida de inmortales en la Tierra. Amon y Ra nunca me lo perdonarán, pero fue lo mejor que pude hacer; tenían que ver realmente a los humanos… Hut-Hor, Maat y Nejbet están conmigo… Y yo estoy con vosotros; os vigilo. ¿Pero quién se da cuenta? ¿Quién realmente me conoce? Y conocí la tristeza, el dolor, la tortura de la vida humana… Yo soy un humano más.
Pero los humanos han olvidado quiénes son, porqué están aquí, su esencia, su verdad… Nos olvidaron a nosotros, y con nosotros, se olvidaron a sí mismos.
Pero desde los comienzos tuve esperanza en ellos, supe que siempre serían ellos… Hoy, empiezan a abrir los ojos.
Sin embargo, los dioses aún no están contentos… Y el Duat, el Dat y el Nun  pronto abrirán sus puertas si la Humanidad no cambia antes del fin de la Primera Era… Y ya estamos cerca.

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