Días por Madrid

¿Alguien ha oído hablar del reloj biológico que llevamos todos?
Bueno, hoy, Viernes 26 de Marzo, mi reloj biológico me ha despertado a las 7H15 de la mañana… Es festivo (para mí, ya que he cogido las vacaciones de Semana Santa) y, como de costumbre, me hubiese levantado a las 11H. Bueno, pues hoy no. Además, unas amigas me convencieron para salir… (y no pude negarme y quedarme con mi amigo, el aburrimiento).
Todo empieza a las 9H15, cuando me despierto perturbado por la alarma; planeaba hacer las cosas domésticas, pero solamente tenía 3/4 de hora para hacer todo (soy de esas personas que toman sus cosas con calma; la vida sin paciencia no es vida). Bueno, pensé, me da tiempo a darme una ducha, tomarme una bodrio de desayuno y pelear con mi madre para que se despertara; ella es quien me lleva de un lado a otro (y así siempre empiezan los “debates” de por qué no aprendo a conducir de una maldita vez y la deje en paz…). Evidentemente se levante, se viste, toma algo fugazmente y me baja con el seguro pensamiento de: a ver si este chico me deja ya en paz… Parada del autobús y ya iba tarde: sólo faltaban 5 minutos para coger el autobús y ni siquiera había salido de casa… Una odisea. Finalmente tomo el autobús a la estación de Moncloa, y en él estaban ya mis tres compañeras de risas, esperándome.

Nos llamamos El quinteto de la risa floja. A falta de una persona que no pudo asistir por falta de recursos económicos (y de quien no me he olvidado por cierto…), estábamos los que estábamos. Hasta Moncloa, lo único a destacar es el episodio de los saludos a los conductores: parece ser que mi primita tiene un nuevo admirador en las carreteras (risas).

Estación de Moncloa: decidimos comprar un abono turístico, lo que, al final, nos “rentaba” más. Y de allí, a Príncipe Pío.
En Príncipe Pío, a parte de buscar el andén de los autobuses a Alcorcón, mi indignación por los sandwiches… ¡2’20€ gastados para nada! ¡Dos sandwiches muertos de risa y estratégicamente colocados para no comerlos finalmente! Recordaré lo del maldito hilo…
De camino a Xanadú, todo lo demás es autobús, autobús, calor, calor…

Sinceramente, no me esperaba que Madrid amaneciera con tan buen tiempo, cielos despejados y sol radiante; la meteorología española es tan impredecible…

Llegamos, ¡Por fin!, a nuestro destino: Xanadú.
La primera impresión/idea es: No me imaginaba que estaba tan lejos (¡Alcorcón!) y era tan grande (preguntádselo a mis pies…).
¿Lo primero que hacemos? Tras la indignación de no poder saciar mi hambre con los sandwiches perdidos, decidimos ir a comer a un Rodilla; 3 sandwiches por despecho, y un zumo de naranja. Me dije: bueno, ya está la mañana completada. Ahora, la aventura de las compras…

No me gusta ir de compras si no es realmente necesario. ¿Por qué? Porque, o me acaba gustando todo o no tengo dinero suficiente para comprar lo que quiero. Hoy ha sido un ejemplo de me acaba gustando todo, no tengo dinero suficiente, y además,  me canso. Aunque la gente no se lo crea, ir de compras con las amigas acaba siendo muy, muy agotador.
Pero todo eso se recompensa con un buen tiempo de risas y sonrisas con chistes, chorradas varias y toda esa colección de cosas que hagan que los amigos nunca sean aburridos.

De las 8 horas fuera, sólo han sido tres las veces que me he sentado. Podrían (o no) imaginarse cómo tengo los pies…
A las 3H de la tarde, tras muchas horas entre camisetas, pantalones, sombreros y complementos, optamos por tomar un descanso y comer. No me olvidaré de este momento, ya que lo considero entre tenso y muy bueno; la caja de pandora se ha vuelto a abrir.
Con la práctica, me voy haciendo más a la sensación que trae consigo la situación […]

Evidentemente, tras las comparaciones, los vistazos y los juicios personales, resolvieron comprar algo (yo no había traído el dinero suficiente como para comprar algo. Además, no había encontrado algo que me gustase…).
Llegaron las 5H de la tarde, y casualmente, cuando ya planeábamos irnos, encuentro algo (o “algos”) que me gustaba.
“¡Tenemos que volver!” Grito. Todos aceptan. (Buen plan; merece la pena volver…).

De vuelta al autobús, al que llegamos casi tarde, por cierto.
¡Más calor! El viaje de vuelta se había hecho insoportable; cara y manos pegajosas, chaqueta, sudorosos, cansados…
Una vez más, Príncipe Pío, pero no sin antes sufrir una lesión por parte de una de mis amigas y comprobar si los sandwiches estaban aún en la máquina espendedora. ¡Y no están! […] (… Cogilda…)
Y la parada en Príncipe Pío es totalmente en vano…
Y definitivamente volvemos a Moncloa, ya para tomar el autobús de vuelta a nuestras queridas y templadas casas. Pero primero debíamos esperar unos 30min antes de que saliera de la estación. Así que, compramos algo y salimos a la superficie para descansar y hablar. Y como era de esperar, fotos in fraganti*.

Y ya en el autobús de las 6H45, de vuelta a casa, rememoramos los sucesos del día (no pocos, por cierto).
Pero debo destacar que ha sido un día espectacular, merecida de ser repetida…
Y sobre todo, ¡todos! (No se me olvida que faltaba uno de los integrantes en ese quinteto) (risas).

La próxima, prefiero pasar frío antes que un calor sofocante…

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