Elogio al malestar

Cierto, el título coincide con un artículo que he leído hoy (y que ya he leído varias veces).
Tengo que decir que el artículo en sí es bueno, y hoy, al leerlo por enésima vez, me ha surgido una idea, un fugaz pensamiento, una duda casi existencial.
En su encabezado: en la vida hay que vivir altibajos; la vida no es vida sin fracasos.
Y he pensado: cierto.
En la vida hay altibajos, cuestas, colinas, montañas, abismos; en la vida hay fracasos, hay errores y dolores.
En la vida hay que aprender, porque si no fuese así, la vida no sería vida. ¿Qué sería una vida sin aprendizaje? ¿Automatismos?
Porque, si algo que he aprendido personalmente es que de los errores se aprende; ensayos de error.
Porque, sí, la vida es difícil, pero es difícil en el sentido bueno de la palabra: es por nuestro bien, por muy doloroso y rompe-corazones que sea.
Nos ayuda a cultivarnos como personas, como humanos, pero lo más importante (y enlazándolo con una pasada entrada), y es que la vida nos enseña y nos encamina a conocernos a nosotros mismo más y mejor.
Opino que una persona que no conoce el dolor del vivir, no es persona en su pleno sentido; no conoce lo que es la vida, y en ese sentido, dicha persona crece desgraciada. ¿Desgraciada por qué? Preguntarán unos…
Será cierto que la ignorancia es felicidad; cuanto menos conoces del mundo, menos dolor sufren, más feliz eres.
Pero no hay mayor mal que el de ser ignorante, el de desconocer, el de pasar ajeno ante lo que en el mundo sucede.
¿Paradoja? En efecto lo es… Pero…

¿No es la vida misma una paradoja?

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