Hace tanto…

Hace tanto de tantas cosas, que el tiempo comienza a ser un problema del que realmente hay que preocuparse, porque sencillamente pasa sin avisar. Y así, miro, de las pocas veces que lo hago, hacia atrás.
Veo un camino con huellas, pero poco a poco, esa imagen, tan fugaz como repentina, se diluye en una bruma densa.
Empiezo a sonar trágico, como de costumbre, una costumbre que, tal y como empezó, empieza a marcharse, aunque lentamente…

Los cambios. A mucha gente no les gusta la idea de <cambio> y no termino de entender por qué. ¿Por qué?
Es una de las pocas cosas que la Humanidad tiene -y estoy seguro de que tienes muchas más- y de la que todos somos partícipes.
Digamos que los humanos estamos en continuo cambio; infancia, adolescencia, madurez, vejez… El pensamiento, las ideas, las emociones, los sentimientos… Los lugares, las costumbres… Los humanos somos el producto continuo del cambio continuo. Y, sin embargo, hay personas que no les gusta.
Confesión: yo era una de esas personas. (pero como bien indica el verbo (era), es pasado).

Después de todo, el tiempo siempre acaba siendo nuestro aliado. Si no nos trae olvido, nos trae conocimientos.
Un principio del optimismo: ver lo bueno en todas las cosas.
Quizá -y es lo más probable- eso es lo que ha cambiado en mí: mi forma de ver el mundo. Y, tal vez, con ello, mi mentalidad.
¿Y a quién le puede interesar mi vida? Yo sé de una persona, tal vez de dos, a mucho, de tres…
Seré feliz sabiendo que una, solamente una, en todo el mundo, me conoce: yo.
Quizá nunca me llegue a conocer del todo -y tampoco pretendo hacerlo-, porque siempre me gusta mantenerme como una caja de sorpresas; quiero mantenerme como un extraño… Pero siempre seré yo el único que tenga una leve idea de todo lo de mí forma parte; las ideas oscuras, los secretos guardados, las intenciones calladas…

Y esto iba a ser un pasatiempo, uno de los tantos que tengo.
Por lo menos no perdía el tiempo intentando adormecer el aburrimiento con necedades y, al mismo tiempo, ponía un poco en movimiento mis pensamientos.
Pensamientos, pensamientos, pensamientos…
Y así me quedo, sin nada.

Ideas. Hace tanto que tengo muchas ideas en la mente. Demasiadas puntualizarían unos, e incluso yo empiezo a perder fe en poder contenerlos todos…
Dos, quizá tres, nuevos proyectos. Planes para el futuro inmediato y muchas expectativas.
Y finalmente, las expectativas tienen algo que ver con las esperanzas…
Y las esperanzas traen aparejada la decepción.

Una luz se enciende. ¿Y por qué tanta expectativa, tanta esperanza?
El afán humano de crecer en todos los ámbitos; ese vestigio aún muy vivo de querer más, de evolución, de conseguir lo que no tiene, de ponerse metas.
Al fin y al cabo, siempre seremos presos y víctimas de esta condición inevitable: la de ser humanos.
¿O no?
En definitiva, es la cara positiva de la codicia.
Y aquí nace, una vez más, mi luenga crítica hacia la especie humana -de la cual yo soy una ínfima parte-.

“Libreta de un estudiante” puede ser el nombre de un proyecto…
Y ahora emergen los tantos otros proyectos para el futuro…

“Nada en este mundo es imposible, sólo improbable o/y difícil”

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