Verano, Luna Llena y Soledad

Me he dado tiempo para pensar y reflexionar. Sí, he tardado lo mío en volver a aparecer por estos rincones, pero sólo contadas personas -3 personas, para ser exactos- saben lo que en estos días me ha pasado. Nada de gran importancia, pero de mucho impacto (mental).

 

Ayer, 6 de agosto, hubo luna llena. ¡Me encantan esos días! Siempre salgo al jardín y me siento en una silla, miro hacia el cielo débilmente iluminado por esa luz suave y plateada, y allí está, imperiosa, la Heralda de la Noche.

Puedo estar horas contemplando el satélite en su momento de apogeo, y sus acompañantes lejanas, las Estrellas, parpadeantes y diminutas. El cantar suave de los grillos veraniegos rompe con el silencio aparentemente infinito de las horas nocturnas. Algún rugir de coches en la lejanía y los ladridos potentes de los perros quiebran esa monotonía que, rápidamente, vuelve a apoderarse de las penumbras.

Una memoria me invadió tan pronto como me terminé de tomar el zumo. Mi abuelo, verano, piscina, sentar, relámpagos, destellos, charlas, juventud… Una serie de palabras inconexas tienen una forma fotográfica y unos sonidos distintivos en mi mente.

Una verdad dantesca se clavó en mis pensamientos.

“Este verano es el final de las sentadas en la terraza, al frescor de la noche estival, hablando sobre anécdotas pretéritas, después de un buen chapuzón en las aguas frías de la piscina. Alguna vez, una tormenta eléctrica típicas de verano se aparecía de imprevisto y coronaba el cielo de destellos fugaces y rugidos estruendosos. Aun así, mi abuelo siempre me contaría sus pequeñas, pero gran historias de su juventud risueña y, ya, lejana.”

Eso se pasó por mi cabeza, instantáneo. Me miré, y en efecto, allí estaba, solo, en la terraza, tomándome mi zumo a la claridad lunar.

La situación familiar ha degenerado tanto que, ya, esos pequeños momentos se evaporan dejando paso a la nada, a la soledad…

¿Por qué? ¿Es necesario?

Sinceramente, como impacto, lo justo. No obstante, igualmente seguía siendo fugaz.

La indiferencia que este año he estado cultivando ha asediado mi corazón y me han hecho una persona totalmente fría. Sin embargo, no siempre soy indiferente, mas he aprendido a serlo en los momentos necesarios, como todo… “Nadie me volverá a hacer daño si yo soy el que hace daño primero” Es la frase que se repite en mi mente…

Y tranquilamente, continué tomándome el frío y delicioso zumo de mango que mi madre me había comprado unos días antes, además de deleitarme en ese espectáculo astronómico mensual…

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