Prolegómeno de Mi Historia

Aún recuerdo aquel día. Era a mediados de Septiembre, año 1999… Salíamos de la casa, y estaban cargando el coche con las maletas -yo tenía 7 años para entonces-. Mis borrosos recuerdos ilustran a mi hermano, recién llegado de Argentina donde estuvo haciendo los estudios de Bachillerato. Mi hermana aún tenía el Wira -la marca de coches típico de mi país-.

Condujimos hasta el aeropuerto, mucho más pequeño de lo que está hoy en día, dado a la ampliación -como lo que pasó en Barajas hace unos años-. Nos sentamos a tomar algo, para hacer tiempo, después de haber conseguido los billetes y facturar las maletas.

Lo que más vívido tengo de ese día fueron las lágrimas que todos derramamos y los rostros de mis hermanos, que no volvería a ver hasta 4 años más tarde, cuando tendría 11 años… Recuerdo los abrazos y los besos. Palabras de despedida sumamente tristes. Evoco dar vueltas constantes para ver las figuras en disminución de mis hermanos, que desaparecieron al torcer una esquina. Se respiraba el aire frío de los aires acondicionados mezclado con la húmedad del ambiente exterior.

Un lapso mental, como si mi mente considerase eso un mal trago y automáticamente borró toda la experiencia del avión y los intercambios, despegues, aterrizajes…

Primera impresión de España. Unos sonidos raros; español. Una desconocida, mi tia, eufórica y muy ilusionada de nuestra llegada. La seguimos hasta el parking. Nada más salir del aeropuerto de Barajas y salir al exterior, un golpe súbito de aire frío, ya no generado de los aires acondicionados, sino que era del día, del ambiente, estaba permanente; “¿Cómo es esto posible?” Pensaba yo. Era Septiembre y otoño había entrado. Yo con vestimenta de verano. Eso fue un frío insoportable comparado con el del aire acondicionado al que estaba acostumbrado. Rápidamente al coche.

Después de unos minutos largos de conducir por carreteras aparentemente interminables y paisajes carentes de esos bosques pluviales de las zonas tropicales, llegamos a un pueblo, ahora, típico y aburrido, antes, extraño, interesante y curioso. Y de repente, una parada. La casa en la que hoy vivo. Era rara, grande, antigua… Lúgubre, sucia. El tiempo había echo sus estragos en las fachadas de la vivienda. Comparado con mi casa en mi país, que era nueva, floral, luminosa y de una planta, esta era totalmente lo contrario. Nada más entrar en la casa, un olor raro… Oscuridad, silencio roto por el sonido de la televisión, hoy en día, nueva. Mis abuelos, sentados y quitos. Todo raro.

Puedo decir que el cambio de un lugar a otro fue horrible y, quizá, traumático. No obstante, he de admitir que eso es lo que me ha hecho quien soy hoy en día. ¿O no?

Ahora un pensamiento repentino: ¿Dónde ha quedado esa desconocida eufórica e ilusionada que hoy en día es la persona que está a punto de dejarnos en la calle?

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